LA RELACIÓN DEL BAUTISMO
CON EL CUERPO DE CRISTO
Luego de realizar estudios a lo largo de los años, de mantener discusiones
con muchas personas durante este tiempo, y a partir de
la observación de organizaciones religiosas, debo concluir
que el tema del presente trabajo es crucial, y su desarrollarlo
es sumamente necesario. Otros estudios publicados han tratado
el acto del bautismo, el significado del bautismo, el propósito
del bautismo y los temas relacionados al bautismo. Sin
embargo, la relación del bautismo con el cuerpo de Cristo,
un tema de gran importancia y de muchas implicaciones prácticas,
aún necesita ser explorado.
La mayoría de gente religiosa simplemente no comprende la relación que tiene
el bautismo con el Cuerpo de Cristo o la Comunidad de los
Santos. Algunos creen que Dios, a través del bautismo,
trae a la persona al cuerpo universal, “invisible”; otros
dicen que a través del bautismo uno se convierte en miembro
de una determinada denominación, y aun hay otros que dicen
que el bautismo es una “puerta” para formar parte de la
congregación local. Muchos otros niegan todo esto afirmando
que el bautismo es solamente una simple ceremonia de naturaleza
simbólica que da testimonio de una experiencia previa de
conversión. No es de sorprender que en medio de esta mezcla
religiosa muchos se sientan fácilmente confundidos y no
sepan qué pensar con respecto al bautismo. Esperamos que
nuestro estudio sobre este tema vital sea informativo,
esclarecedor y convincente para todos los lectores. Nuestro
mayor interés es poder conocer la mente de Dios en cuanto
a este importante tema.
La única manera en que podemos responder adecuadamente a la pregunta sobre
la relación del bautismo con el cuerpo de Cristo es consultando
la Palabra de Dios. Sólo Dios puede hablar con veracidad
infalible acerca de esta inquietud.
Solamente Él puede revelar su mente y voluntad de una manera
lo suficientemente clara para que podamos creer y hacer
su voluntad. Las tradiciones humanas no son confiables
(cf. Marcos 7:5-9, 13; Colosenses 2:8). Los credos, las
confesiones y las conferencias religiosas no son infalibles.
Los pronunciamientos, normas y disciplinas denominacionales
y de las iglesias han demostrado ser errados; los pastores,
sacerdotes, profetas y predicadores se han equivocado.
Esto demuestra la necesidad de consultar la infalible,
inequívoca y autoritativa Palabra del Dios Vivo en esta área
de la verdad así como también en todas las demás áreas.
Leámosla con la humildad, respeto y receptividad que las
sagradas Escrituras se merecen.
¿Qué dice la Palabra de Dios?
Veamos simplemente algunos pasajes bíblicos y examinémoslos para determinar
la relación del bautismo con el Cuerpo de Cristo. Trataremos
de hacer que la verdad que descubramos sea tan simple y
clara como sea posible
Mateo
28:18-20 ( La Gran Comisión)
Este pasaje es parte de la “Gran Comisión” de Cristo para sus seguidores
a fin de que proclamen su mensaje a todo el mundo. El empieza
diciendo “toda autoridad me ha sido dada en el cielo y
en la tierra” (versículo 18). Basándonos en esta soberanía
universal ¿Qué es lo que nos está ordenando nuestro Señor? “Id,
Pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos
en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he
aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin
del mundo” (versículos 19-20).
Cristo dice que su anterior mandamiento para limitar la prédica solamente
a los judíos (Mateo 10: 5-6) ha sido ahora superado por
una “mayor” comisión, para hacer discípulos (seguidores)
de “todas las naciones” ¿En qué consiste hacer discípulos
y llevarlos a la perfección? Jesús nos lo dice. Aquellos
que responden al mensaje de las buenas nuevas concernientes
a Jesucristo deben ser bautizados. Sabemos, por supuesto,
que las personas deben arrepentirse de sus pecados y poner
su fe y confianza en Dios a través de Cristo, pero en esta
parte nuestro Señor enfatiza especialmente la importancia
del bautismo para que uno pueda unirse a Dios y convertirse
en un discípulo.
Sin embargo, tomemos en cuenta que este bautismo es de carácter especial.
Ellos deben bautizar “en nombre de” el Padre, del Hijo
y del Espíritu Santo. La mayoría de nuestros lectores están
conscientes de que el Nuevo Testamento fue escrito originalmente
en griego. Las
autoridades del griego declaran que la frase “en el nombre
de” tenía un significado técnico en el primer siglo. Ya
que está relacionado con el bautismo, la frase denotaba
que “aquel que es bautizado se convierte en la posesión
y queda bajo la protección de aquel cuyo nombre lleva” (Arndt
y Gingrich, A Greek-English Lexicon of
the New Testament [Glosario
Griego-Inglés del Nuevo Testamento], s.v. onoma,
p. 572). Significa “bautizado en la posesión del Padre” (Moulton
y Milligan, The Vocabulary of the
Greek Testament [Vocabulario
del Testamento en Griego], p. 451). Significa “unión,
el paso a una nueva lealtad y comunión” (The
New Bible Dictionary [El
Nuevo Diccionario de la Biblia], s.v. “Nombre”,
p. 861). Implica una “transferencia de posesión” (F.F. Bruce,
The Books Parchments [Los
Libros y los Pergaminos], p. 66). En resumen, esta
frase representa que aquel que es bautizado se convierte
en la posesión de, queda bajo la protección de, está bajo
el control de, establece una unión vital con, pasa a una
nueva propiedad de, y entra en comunión con el Padre, el
Hijo y el Espíritu Santo.
Podemos
ver las implicancias del significado del bautismo muy claramente.
Esto no sólo se refiere a los individuos que han sido bautizados
verdaderamente, sino a todos aquellos que han sido bautizados,
es decir, se aplica a todo el cuerpo de creyentes. Todos
aquellos que han sido bautizados genuinamente, han ingresado
conjuntamente en esta bendita relación con Dios. Esto es
simplemente parte de todo el significado del bautismo bíblico.
La personas que están bautizadas verdaderamente no sólo
están compartiendo este compañerismo espiritual sino que
Jesús dice que estos cristianos bautizados deben recibir
enseñanza a fin de que observen todo lo que (Él) les ha
mandado (Mateo 28:20).
Debemos preguntar cuál es el contexto en el que ocurren estas actividades
de enseñanza. La respuesta es obvia. Los apóstoles y otros
son responsables de enseñar a los creyentes recién bautizados
a fin de que obedezcan todos los mandamientos de Cristo.
Esta es una actividad colectiva. Debe llevarse a cabo en relación con
otros. Obviamente debe hacerse dentro del Cuerpo de Cristo
o la Comunidad de Creyentes. No solamente se trata de creyentes
bautizados en
el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo, sino
de creyentes que además disfrutan de una relación con todos
aquellos que han experimentado este mismo bautismo
y luego continúan recibiendo enseñanza, siendo alimentados,
edificados y fortalecidos a medida que continúan dentro
de esta relación.
La
pequeña figura simplemente representa a aquellos que han
ingresado en una relación de salvación con el Padre, el
Hijo y el Espíritu Santo. Pero podemos ver que, en consecuencia,
ellos tienen una relación con todos los demás que han ingresado
en la misma relación. Además, ellos se encuentran idealmente
expuestos a la misma instrucción de transformación dada
por el Señor Jesucristo.
Hechos
2:38-47 (El día de Pentecostés)
Poco
tiempo después de que el Señor Jesús diera la "gran
comisión" (Mateo 28:29-30; Marcos 16:15 SS; Lucas
24:44 SS), Él envió al Espíritu Santo para dar poder a
los apóstoles a fin de que dieran testimonio de su muerte
y resurrección para la salvación (Hechos 2:1-21). El
gran Día de Pentecostés, Pedro proclamó las buenas nuevas
de Cristo en su plenitud y acusó a su audiencia de rechazar
y matar al Mesías prometido (vv. 22-36). Aquellos que escucharon
y se convencieron preguntaron, "Hermanos, ¿qué debemos
hacer?" (v. 37). En respuesta a esta pregunta sincera,
Pedro declaró, “Arrepentios y sed bautizados cada uno de
vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros
pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo." (v.
38). Más adelante leemos, "Y con muchas otras palabras
testificaba solemnemente y les exhortaba diciendo: Sed
salvos [sálvense ustedes mismos] de esta perversa generación” (v.
40). ¿Alguien respondió a esta orden divina? Sí que lo
hicieron. "Entonces los que habían recibido su palabra
fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil
almas" (v. 41).
Una
vez más vemos en este pasaje la importancia del bautismo
en relación con la comunidad de creyentes. Con la finalidad
de responder al mensaje del evangelio, aquellos que estaban
convencidos de sus pecados debían convertirse, es decir,
cambiar su corazón, mente y propósito (Hechos 2:38). Además,
debían bautizarse en el nombre de Jesucristo. Nuestro propósito
aquí no es discutir el acto o la acción del bautismo, sin
embargo debe quedar claro que el bautismo es una inmersión
o un sumergimiento en agua (un hundimiento momentáneo en
agua y luego la persona es levantada del agua a medida
que uno se identifica con la muerte, entierro y resurrección
de Cristo). En el pasaje anterior, Pedro también les dice
a quienes le preguntan cual es el propósito de
su arrepentimiento y de su bautismo: ". . . para perdón
de vuestros pecados" (v. 38). En griego es eis
aphesin ton hamartion
humon y significa simplemente lo mismo. Más
adelante les dice acerca del don de Dios que les será concedido: ".
. . y recibiréis el don del Espíritu Santo" (v. 38).
Estos pecadores que escuchaban podían ser perdonados misericordiosamente y
recibir el Espíritu Santo como se les había prometido.
Pero ¿qué relación
tiene esto con la comunidad de los santos? El versículo
41 nos dice que “los que habían recibido su palabra" (a
través de la fe y el arrepentimiento) "fueron bautizados." Luego, ¿se
dejaba que cada creyente que se había arrepentido y bautizado
se fuera por su cuenta? ¿Se les dejaba que se valieran
por sí mismos? No, según las escrituras, "...se añadieron
aquel día como tres mil almas" (v. 41). Más adelante
en el mismo capítulo encontramos estas palabras adicionales: "Y
el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban
siendo salvos" (v. 47). Aquellos
que han sido verdaderamente bautizados (inmersos) como
expresión de un arrepentimiento genuino y fe de corazón
y han sido por tanto perdonados y han recibido el don del
Espíritu Santo eran agregados "los unos a los otros" (Marshall)
o sumados a otros quienes del mismo modo se habían arrepentido
y habían sido inmersos. Noten que este no es un proceso adicional o posterior—sino que era la inmediata consecuencia de responder al
evangelio. Ellos no solamente entraron a una relación con
el Salvador, sino que además comenzaron una relación con
los demás que también habían sido salvados.
Esto
no es todo. Tome nota de lo que pasaba luego de que estos
creyentes arrepentidos y bautizados respondían al Señor: "Y
se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles,
a la comunión, al partimiento del pan y a la oración" (Hechos
2:42). Estos
creyentes que se "dedicaban continuamente a” o "continuaban
perseverantemente" (Marshall) en diferentes actividades
colectivas. Cuando se reunían, ¿qué hacían? Ellos dirigían
su devoción a:
(a)
Escuchar y aprender las enseñanzas de los apóstoles (que
era la enseñanza del Señor—Mateo 28:20);
(b)
Compañerismo (el compartir y participar el uno con el otro);
(c)
La partición del pan (probablemente una referencia a la
conmemoración de la muerte del Señor mediante la partición
del pan (Lucas 22:19; Hechos 20:7);
(d)
Oraciones (cf. 4:24-31; 12:5,12).
Estos
creyentes arrepentidos y bautizados compartían sus vidas
el uno con el otro y centraban sus pensamientos en las
cosas del cielo (cf. vv. 44-47). Sin lugar a dudas podemos
ver que su bautismo estaba directamente relacionado a la
vida en el cuerpo.
Hechos 8:26-39 (El Etíope)
Luego
de que Felipe proclamara a Jesús en Samaria y que muchas
personas creyeran y fueran bautizadas (8:12-13), el Señor
hizo que este predicador del evangelio se encontrara con
un devoto adorador de Etiopía. Las escrituras registran
que Felipe "le anunció el evangelio de Jesús" (v.
35). Evidentemente el Etíope estaba convencido de sus pecados
y estaba convencido de que Jesús era el Hijo de Dios que
había sido crucificado y resucitado, ya que respondió, "Mira,
agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado?" (v. 36).
Si
este hombre convencido de su pecado estuviera vivo el día
de hoy, algunos predicadores le dirían, "Bueno, esto
le impide ser bautizado: Tenemos que llevarlo de regreso
a Jerusalén (o Samaria) y debe contar con la aprobación
del ‘consejo de la iglesia’. Luego tendrá que aprender
el catecismo por dos años. Luego en 'servicio público'
de la iglesia podrá ser bautizado." (Hay muchas variaciones
para el procedimiento). Felizmente, el etíope no vive en
nuestros días y Felipe estuvo de acuerdo en bautizar a
este creyente arrepentido. Algunos manuscritos establecen
que él confesó su fe en Jesús; sin embargo, existe cierta
duda de que en efecto hubiera ocurrido algún tipo de confesión
ya que dicha confesión no figura en los primeros manuscritos.
Luego Felipe y el Etíope descendieron al agua, Felipe lo
bautizó y regresaron a la orilla. Podemos entender porqué Lucas
escribió, "[él] continuó su camino gozoso" (v.
39).
Este
registro se diferencia del anterior (en Hechos 2) al menos
en algo muy importante. Este hombre fue bautizado relativamente solo (no
entre una multitud como en el día de Pentecostés) y evidentemente
no había otros creyentes en Etiopía en esa época. Tal vez
había pero simplemente no lo sabemos. Esto nos revela que
cuando uno es bautizado, no se bautiza para pertenecer
a una asamblea o congregación local. (Sin lugar a duda
el bautismo no se hace para pertenecer a una denominación.)
En el caso del Etíope, ¡no había asamblea local! No había
denominaciones humanas en la tierra. Pero, del mismo modo
que en los pasajes que hemos examinado anteriormente este
creyente bautizado había entrado en una relación con Dios
a través de Cristo y también había entrado en una relación
con todos los demás creyentes en todo el mundo que se habían
arrepentido genuinamente y se habían bautizado. En otras
palabras, era parte del cuerpo de Cristo o de la Comunidad
de creyentes. Sin lugar a dudas, si había otros creyentes
bautizados en el país al que él viajaba, él seguramente
se unió a ellos. Si no había ninguno, cada persona que él
trajera a Cristo sería parte del cuerpo de creyentes y
serían responsables de vivir en comunidad.
Hechos 9 y 22 (Pablo, el Apóstol)
La Conversión
del apóstol Pablo (entonces conocido como Saulo) añade
un poco más a nuestro estudio. La
Biblia dice que él iba camino a Damasco para perseguir
a aquellos que creían en Cristo. El Señor se le apareció y
le dijo, “levántate, entra en la ciudad, y se te dirá lo
que debes hacer" (Hechos 9:6; cf. 22:10). Luego de
haber quedado ciego, ayunado, y orado por tres días, Ananías
se acerco a este hombre miserable, convencido y arrepentido
y dijo, "Levántate y sé bautizado, y lava tus pecados
invocando su nombre [de Cristo]” (Hechos 22:16). Las escrituras
dicen que "se levantó y fue bautizado. Tomó alimentos
y cobró fuerzas" (9:18-19).
Ahora
Pablo era un creyente. Él había sido bautizado. Sus pecados
habían sido "lavados." Él
había sido “bautizado en Cristo Jesús” y "bautizado
en su muerte" (Romanos 6:3; note el uso del pronombre
personal, "nosotros," en este contexto). ¿Se
consideraba Pablo a sí mismo un individuo solitario en
ese momento? No,
ahora el reconocía que era parte del mismo grupo de creyentes
que anteriormente había buscado destruir. Las escrituras
registran, "Y por varios días estuvo con los discípulos
que estaban en Damasco" (9:19). inmediatamente sintió un
parentesco espiritual con otros que se habían alejado de
sus pecados, que habían creído en Jesús como el Hijo de
Dios y el Mesías y que habían sido inmersos para "lavar
sus pecados invocando el nombre del Señor" (cf. 22:16;
2:21). Ahora él era parte de "la comunidad de Dios" que
anteriormente trató de "destruir" (Gálatas 1:13;
cf. v. 23).
Hechos 16:13-15 (Lidia)
Existe
una hermosa historia sobre la conversión de una mujer y
su familia en Hechos 16. Cuando Pablo, Silas, Timoteo y
Lucas fueron a la colonia romana de Filipos deben haber
encontrado pocos judíos, si es que encontraron alguno.
En lugar de ir a la sinagoga judía (los judíos insistían
en que se requería un quórum de al menos 10 judíos varones
para que hubiera una sinagoga formal), ellos fueron "a
la orilla de un río" (16:13), donde los judíos y los
gentiles temerosos de Dios se reunían normalmente para
orar. Estos servidores de Dios se sentaron y comenzaron
a hablar a las mujeres que se habían reunido (v. 13b).
Luego las escrituras nos dicen que Lidia escucho las palabras
de los apóstoles y que el Señor abrió su corazón a fin
de que pudiera responder (v. 14). Ahora tome en cuenta
el versículo 15: "Si juzgáis que soy fiel al Señor,
venid a mi casa
y quedaos en ella. Y nos persuadió a
ir” (v. 15).
Esta
historia revela muy poco sobre la conversión de Lidia a
Cristo, aparte del hecho de que ella fue bautizada (evidentemente
inmersa en el río donde se habían reunido—v. 13) y del
hecho de que ella sabía de que esto era necesario para
ser “fiel al Señor" (v. 16). Esta mención del bautismo
enfatiza la importancia de esta respuesta inicial de arrepentimiento
de tanta importancia y fe en la prédica de Cristo.
La
pregunta que nos interesa es la siguiente: ¿fue ella agregada
a un cuerpo de creyentes? Hasta ese momento no había habido
otras personas que respondieran al evangelio en dicha localidad.
Sólo había cuatro hombres que iban predicando el evangelio
en la ciudad. En
cierto sentido, ellos podrían haber sido considerados el
Cuerpo de Cristo en Filipos, pero definitivamente no se
hallaban firmemente establecidos. Por lo tanto, Lidia y
su familia (que puede haber estado formada de al menos
otras dos personas responsables—tal vez ancianos, hijos
responsables o sirvientes) constituyeron el centro, núcleo
o inicio de la Asamblea en Filipos. Más adelante, el carcelero
y su familia (16:30-34) y otros "hermanos" (v.
40) también fueron miembros del cuerpo de Cristo en esta
ciudad.
De
todo esto podemos ver una vez más que cuando una persona
es bautizada no está siendo bautizada para formar parte
de una congregación local (especialmente una congregación
denominacional). Más
bien, al iniciar una relación con Dios, Cristo Jesús y
el Espíritu Santo, el creyente bautizado se convierte en
parte del Cuerpo de Cristo en la tierra. Si existe una
manifestación local del cuerpo, la persona forma parte
de él, pero si se trata del primer creyente verdadero en
un área geográfica representa el inicio del trabajo de
Dios en dicha localidad. Los demás que sean salvos a partir
de ese momento se convierten del mismo modo en parte del
cuerpo de Cristo y parte de la manifestación local de su
cuerpo.
Hechos 16:25-34 (El Carcelero)
Un tiempo
después de la conversión anterior, Pablo y Silas fueron
enviados a la prisión a causa de su fe en Cristo. En medio
de la noche Dios envió un terremoto muy fuerte que los
liberó de los maderos y las cadenas (Hechos 16:22-26).
Este evento llevó al carcelero a hacer una pregunta insistente
a Pablo y a Silas: "Señores, ¿qué debo hacer para
ser salvo?" (v. 30). Ellos respondieron, “Cree en
el Señor Jesús, y serás salvo, tú y toda tu casa" (v. 31). Ellos continuaron predicándole a él y
a su familia "la palabra del Señor" (v. 32).
En una expresión evidente de remordimiento, compasión y
arrepentimiento, el carcelero lavó las heridas de Pablo
y Silas (v. 33). Las escrituras señalan que, "enseguida
fue bautizado, él y todos los suyos [su casa]" (v.
33). Después
de su inmersión, el carcelero los llevó a su hogar, les
dio de comer, y se regocijó grandemente por haber creído
en Dios con todos los suyos (v. 34). El carcelero podía
ahora regocijarse grandemente porque él y su casa eran
salvos (v. 31).
Pero
preguntémonos: En los siguientes días, ¿se consideraría él
un individuo solitario? ¡Definitivamente no! Más bien, él
debe haber reconocido con gran claridad que era parte del
cuerpo de Cristo— especialmente aquel segmento que vivía
en la ciudad de Filipo. Él no tenía que “postular para
ser miembro” o aprender un catecismo durante un año para
ser miembro”. ¿Por qué? Porque él
se convirtió en un miembro del cuerpo en el mismo momento
que formó parte de Jesucristo. Él
era parte de la asamblea de los Filipenses, ya que formaba
parte de Cristo, la Cabeza del Cuerpo. No se trataba de
un proceso en “dos pasos”, sino que se trataba de una ocurrencia
simultánea, era parte del cuerpo de Cristo al mismo tiempo
que sus pecados eran perdonados.
Hechos
18:8 y 1 Corintios 12:13 (Los Corintios)
En
su Segundo viaje Pablo proclamó a Cristo crucificado en
Corintos, Acaya (1 Corintios 2:2). Lucas nos habla de los
resultados de las labores de Pablo: "Y Crispo, el
oficial de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa,
y muchos de los corintios, al oír, creían y eran bautizados” (Hechos
18:8). Cuando Pablo escribió más adelante a estos creyentes
bautizados, se dirigió a ellos de la siguiente manera, "a
la iglesia [comunidad] de Dios que está en Corinto, a los
que han sido santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos" (1 Corintios 1:2). Cuando esta gente regresó al
Señor en fe y bautismo, conformaron desde entonces la comunidad de
Dios—llamada también el "templo
de Dios" (3:16) y "asamblea de los santos" (cf.
14:33). Ellos habían sido santificados en “Cristo Jesús” y
por lo tanto se habían vuelto santos. Todo esto estaba
relacionado a su respuesta original de
fe y bautismo. (Justamente esta fue la misma respuesta
que Jesús requirió en la “Gran Comisión”: "El que
crea y sea bautizado será salvo" (Marcos 16: 16).
Todo esto se vuelve aún más claro a medida que leemos las palabras de Pablo
en 1 Corintios 12:12-13: "Porque así como el cuerpo
es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros
del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo,
así también es Cristo. Pues por un mismo Espíritu todos
fuimos bautizados en
un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres,
y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu." Debemos
tomar nota de que esto se refiere a un evento en el cual todos los
corintios creyentes habían participado: "todos fuimos bautizados en un solo cuerpo" (v. 13). Esto
concuerda con el bautismo de la "Gran Comisión",
que cada discípulo
ha experimentado (cf. Mateo 28:19; Marcos 16:16).
En
Segundo lugar, debemos reconocer que existen diferentes
maneras de entender el bautismo. El griego para el versículo "Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados" (1 Corintios
12:13) es: kai gar en eni
pneumati hemeis pantes eis en soma ebaptisthemen. Si
traducimos el griego en como "por" tenemos
al Espíritu Santo como agente del
bautismo: "Por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados." Si vemos el término en como "en," veríamos al Espíritu como el elemento en
el cual ellos fueron bautizados. Al menos podemos decir
que el Espíritu Santo se encuentra muy involucrado en el
bautismo (ya vimos esto en Mateo 28:19 y Hechos 2:38, y
también puede verse al comparar Gálatas 3:27 con 4:6 y
tal vez al notar Tito 3:5). En otras palabras el bautismo
en agua, no es simplemente un bautismo en el agua, ya que existe una dimensión del Espíritu que
no debe pasarse por alto. Si el Espíritu Santo fuera retirado
del bautismo sólo habría una acción vacía, sin significado
alguno. En el momento del bautismo el Espíritu ha convencido
al pecador; ha atraído al pecador; el Espíritu está revelándole
a Cristo, el Salvador; aquél que responde está entrando
al Espíritu y el Espíritu está entrando en él. (cf. Juan
3:5-8; 16:7-11; Romanos 5:5; 8:9; 2 Corintios 1:21-22;
Gálatas 3:3, 5, 14; Efesios. 1:13-14).
El
punto que podemos enfatizar aquí es que todos los
creyentes en Corinto habían sido bautizados (Hechos 18:8) y
Pablo asume que este es el caso (cf. 1 Corintios 1:13-17). Además, todos ellos
habían sido "bautizados en
un solo cuerpo " (12:13). Ya sea que el Espíritu sea
el agente o el elemento, él estaba muy involucrado en la
salvación de ellos y en su ingreso al cuerpo de Cristo.
Nuevamente
podemos ver cuan importante es el bautismo y cómo se relaciona
con la membresía en el cuerpo o la comunidad del Señor.
Hechos 19:1-6 y Efesios 4:5
Cuando
Pablo llegó a Efesios encontró una situación más bien única
de doce hombres que sólo habían sido bautizados con el
bautismo de Juan, que era el bautismo de arrepentimiento
(Hechos 19:1-3). Ellos no habían escuchado hablar del Espíritu
Santo, por lo tanto Pablo sabía que ellos también desconocían
sobre el bautismo de la "Gran Comisión", que
es en el Espíritu Santo (Mateo 28:19) y trae “el don del
Espíritu Santo" (Hechos 2:38). Cuando estos discípulos
honestos comprendieron la explicación de Pablo, "fueron
bautizados en [del griego eis] el
nombre del Señor Jesús" (Hechos 19:5). Hasta aquí no
sabemos el tamaño de la comunidad de santos de Efeso. Evidentemente
Priscila y Aquila, así como también Apolos, y otros “hermanos” eran
parte de la asamblea en ese lugar y tal vez otros más (cf.
18:24-26; evidentemente, Apolos había partido de Corinto
antes que Pablo llegara). Ahora doce hombres fueron agregados
al total. Después de la labor de Pablo en la región por
tres años hubo muchos otros que llegaron a la fe y al bautismo
(cf. 19:8-10; 20:18-21, 31).
Más
tarde Pablo escribió una carta para los santos en Efeso
(puede haber habido una carta circular, dirigida también
para otras asambleas, ya que la referencia "en Efeso" [Efesios
1:1] no se
encuentra registrada en los primeros manuscritos). Aquí Pablo
declara que sólo existe "un bautismo" (4:5).
Ya que sabemos que el bautismo de la Gran Comisión debía
ser hasta el final de los tiempos (Mateo 28:19-20), seguramente
al hablar de "un bautismo" Pablo se refiere al
mismo bautismo. Aquí podemos notar las bases de la unidad
que todos los miembros comparten el uno con el otro dentro
del cuerpo del cual se forma parte a través de un bautismo
basado en la fe.
Cuerpo
Espíritu
Esperanza
(Efesios 4:4-6) Un(a) Señor
Fe
Bautismo
Dios
Todos
los miembros del cuerpo en Efeso podían encontrar unidad
a medida que se comprometían con los principios mencionados
en Efesios (4:4-6). Ellos eran miembros de "un cuerpo" y
compartían "un Espíritu." Ellos albergaban la "misma
esperanza" maravillosa de lo que vendría. Ellos estaban
comprometidos a servir al "mismo Señor." Ellos
habían creído en la "misma fe" y se mantenían
en sus verdades sagradas y de salvación. Todos ellos se
habían sometido al "mismo bautismo" y por lo
tanto eran hijos del "mismo Dios y Padre." Una
vez más podemos ver que el bautismo tiene un lugar crucial
en relación con el cuerpo de creyentes.
Otros Pasajes Bíblicos
Además
de los pasajes bíblicos antes mencionados podríamos examinar
varios otros que tienen implicancia en la relación del
bautismo con el cuerpo de Cristo. Considere los siguientes:
Marcos
16:16 y 1 Pedro 3:21 con Hechos 2:40,47
Cristo
dijo esto a sus seguidores antes de ascender a los cielos: "Id
por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
El que crea y sea bautizado será salvo;
pero el que no crea será condenado" (Marcos 16:15-16).
Esto no podría estar más claro. El Señor dijo que las buenas
nuevas concernientes a Él deberían ser proclamada a todos.
Aquellos que creyeran en este evangelio y se bautizaran
serían salvos. Aquellos que escogieron no creer en el mensaje
serían condenados. Podemos imaginarnos esto de la siguiente
manera:
Fe
+ Bautismo = Salvación
Otro
pasaje que complementaría lo que nos dice Marcos sería
la declaración de Pedro: "Y correspondiendo a esto
[la salvación de Noé por medio del agua], el bautismo ahora
os salva (no quitando la suciedad de la carne, sino como una
petición a Dios de una buena conciencia) mediante la resurrección
de Jesucristo" (1 Pedro 3:21). El
apóstol claramente dice, "ahora el bautismo os salva." Claro
que no salva a través de ningún valor inherente al hecho
en sí, tampoco a través de ningún poder semi-mágico propio
del acto. Esta perspectiva es a menudo llamada "regeneración
bautismal" y es, con justa razón, condenada como falsa,
una perversión de la enseñanza bíblica tanto del bautismo
como de la salvación a través de Cristo. ¿Entonces cómo “salva” el
bautismo al creyente arrepentido? "Salva” a través
de la muerte y resurrección de Cristo Jesús (compare 1
Pedro 3:21 y Romanos 6:3). La Salvación reside en la obra
salvífica de Dios en Cristo Jesús. Sin embargo, una vez
más vemos la importancia del bautismo—"salva" del
pecado y del juicio.
A
medida que comparamos estos pasajes con los procedimientos
en Hechos 2 podemos ver la conexión entre el bautismo y
la comunidad de los salvos. En
el versículo 40, Pedro advirtió a los oyentes, "Sálvense de
esta generación corrupta". Luego,
más adelante en este capítulo, Lucas nos informa: "Y
el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban
siendo salvos" (v.
47). El contexto revela por supuesto que cuando los pecadores
contritos se arrepentían eran bautizados (vv. 38, 41),
ellos en efecto "iban siendo salvos" del
juicio que está sobre los pecadores—y el Señor en verdad
los "sumaba" a la comunidad de creyentes. De
esta manera podemos ver que cuando uno es bautizado (expresando
sincero arrepentimiento), se convierte en parte del cuerpo
de creyentes—la comunidad de santos.
Romanos
6:3-5 y Gálatas 3:26-27
Estos
pasajes son extremadamente importantes pero debemos hacer
algo más que simplemente comentar superficialmente acerca
de ellos. Pablo escribe, "¿O no sabéis que todos los
que hemos sido bautizados en
Cristo Jesús, hemos sido bautizados en
su muerte?” (Romanos 6:3). Gálatas
3:26-27 añade, "pues todos sois hijos de Dios mediante
la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que fuisteis bautizados en
Cristo, de Cristo os habéis revestido." Lea cada palabra
de este versículo cuidadosamente. Note que Pablo está describiendo
un evento común a todos los
cristianos. El
dice "todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús” y " todos
los que fuisteis bautizados en
Cristo” (Romanos 6:3 y Gálatas 3:27). En
otras palabras si una persona en Roma o en Galacia era
una persona verdaderamente sabia, en unión con Cristo Jesús,
Pablo sabía que él había sido bautizado en
este tipo de relación. Él no conocía de ninguna excepción.
Esto llevó a que un escritor diga con justa razón, “La
idea de un cristiano no bautizado simplemente no se considera
en el Nuevo Testamento” (F.F. Bruce, Commentary
on the Book of the Acts [Comentario
sobre el Libro de los Hechos], p. 77). Claro,
la razón por la cual no puede encontrarse en el Nuevo Testamento
es que el bautismo era una parte integral de la respuesta
de fe y de arrepentimiento que una persona daba a Cristo,
incluso dentro del mismo acto de la conversión.
Ya que estos pasajes afirman que uno es "bautizado en Cristo" y
que todos los que están "en Cristo" han sido
bautizados en Él, podemos ver como la Biblia del mismo
modo afirma que aquellos que están en el cuerpo de Cristo
han sido bautizados en dicho cuerpo. Uno no puede estar "en
Cristo" y no pertenecer al "cuerpo" de Cristo.
Una persona tampoco puede estar en el “cuerpo” espiritual
de Cristo y no estar "en Cristo” mismo. La misma respuesta
de fe y arrepentimiento que lleva a una persona a una relación
de salvación con Cristo crucificado también la lleva a
una relación salvadora con otros que han sido salvados
y que están dentro del cuerpo de Cristo.
Hechos
22:16; 1 Corintios 6:11; Efesios 5:26; Tito 3:5; Hebreos
10: 22
¿Recuerda
nuestra discusión sobre la salvación del apóstol Pablo? Notamos
que Ananias le dijo a Pablo, "Y ahora, ¿por qué te
detienes? Levántate y sé bautizado, y lava tus pecados
invocando su nombre [el de Cristo]" (Hechos 22:16). El
término "lava" aquí es apolouo y
significa “sacar, quitar lavando" (W.E. Vine, The
Expanded Vine's Expository Dictionary of New Testament Words [Diccionario
Expositivo Ampliado de Vine sobre Palabras del Nuevo Testamento]
p.1211). Aquí es usado metafóricamente para indicar "el
quitar lavando" o limpiar los muchos pecados de Pablo. Él
sería perdonado de sus pecados y por lo tanto puro y limpio.
El mismo término es encontrado en 1 Corintios 6:11 donde
Pablo se refiere a la conversión de los corintios: "pero
fuisteis lavados [apelousasthe,
que se deriva de apolouo],
pero fuisteis santificados, pero fuisteis justificados
en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro
Dios." Del
mismo modo en que Pablo debía ser bautizado y sus pecados "lavados",
también los corintios habían sido "lavados" de
su impureza espiritual o lo que es similar, sus pecados
habían sido perdonados. Una vez más notemos que esta era
una experiencia común de aquellos que habían sido salvados
en Corinto. Si alguno había sido salvado ellos habían sido "lavados" de
sus pecados—evidentemente creyendo en el bautismo. Esto
ocurrió individualmente—pero era a la vez una experiencia
colectiva.
En Efesios
5, Pablo asemeja la comunidad de Cristo a la amada “esposa” de
Cristo: "así como Cristo amó a la iglesia y se dio
a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado
por el lavamiento del agua con la palabra" (w. 25-26).
Esto no es claro pero existe la posibilidad de que Pablo
tuviera una vez más el bautismo en mente cuando dijo que
la comunidad de creyentes había sido "purificada" "por
el lavamiento del agua con la palabra." El
término "lavamiento" aquí es loutro,
y proviene de loutron,
el cual denota "tomar un baño" (Vine, p. 1212). El "lavamiento" iba
de la mano con la "palabra." Tal vez esta es
una referencia a la misma "palabra" a la cual
Ananías se refería al hablarle a Pablo: "Levántate
y sé bautizado, y lava tus pecados invocando su nombre" (Hechos
22:16).
Una
misma referencia que usa el mismo término, "lavar" (loutron),
es Tito 3:5: “Él [Dios] nos salvó, no por obras de justicia
que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia,
por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación
por el Espíritu Santo."Si esta es una referencia al
bautismo como muchos estudiosos de la Biblia afirman, es
interesante ver que va unido con "la renovación por
el Espíritu Santo." La conexión entre el bautismo
y el Espíritu se encuentra en varias partes como ya hemos
podido ver (cf. Mateo 28:19; Hechos 2:38; Gálatas. 3:27
con 4:6; tal vez Juan 3:5; 1 Corintios 12:13; y 1 Corintios
6:11). (También
es interesante notar que si esto se refiere al bautismo,
se diferencia claramente de una "obra"—note también
Efesios 2:8-9.)
Un
pasaje final sería Hebreos 10:22, en el que leemos: “acerquémonos
con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo
nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro
cuerpo lavado con agua pura" El
término "lavado" usado aquí proviene de louo,
que significa, “bañar." Este versículo por lo tanto
puede referirse a una limpieza interna (el corazón “purificado”)
así como también una acción externa (el cuerpo "lavado" o “bañado”). Si
la acción externa se refiere al bautismo, podría ser similar
a 1 Pedro 3:21 en la cual existe una acción externa (bautismo)
y una respuesta interna (un llamado a Dios para recibir
una buena conciencia). (Podemos notar aquí que incluso
en las Escrituras hebreas "lavar" puede significar "hundirse
y volver a salir" o "sumergirse"—cf. 2 Reyes
5:10,12,13 con v. 14.) Aunque no quisiéramos ser dogmáticos
sobre este pasaje se podría muy bien tratar de otra referencia
al “bautismo de fe” que yace al inicio de la vida en Cristo
que experimenta una persona.
Es
importante notar que en estas diversas referencias la suposición
básica es que todos los
lectores que han sido verdaderamente salvos han experimentado
el "lavamiento" sobre el cual Pablo y el autor
de Hebreos escriben. Sabemos
por supuesto que el "lavamiento" se refiere a
una realidad interna y que la sangre de Cristo es la base
para dicho lavamiento (cf. 1 Juan 1:7; Apocalipsis 7:14;
22:14). Sin embargo, lo que hemos visto debería ser suficiente
para convencernos de que el bautismo (como una expresión
de fe y de arrepentimiento) tiene un lugar muy importante
en la respuesta inicial de una persona a Cristo. El hecho
de que se asuma que todos los
lectores cristianos han tenido esta experiencia, es otra
evidencia de que el bautismo tiene lugar al inicio de
la vida de una persona en el cuerpo de Cristo (no algún
tiempo después). El cristiano no es el único que ha sido "lavado" y "limpiado" de
sus pecados, sino que también la Comunidad de Cristo es
un cuerpo "lavado" y "limpiado."
Algunas
Aclaraciones
Además,
debemos mantener en mente que cuando las escrituras hablan
del bautismo de la "Gran
Comisión," no denota un "bautismo" en una
denominación, un "bautismo" simplemente para
testificar de un perdón o una limpieza previos, o un "bautismo" simplemente “para
seguir el ejemplo de Jesús." Más bien el significado
del bautismo es rico y multi-facético. El arrepentimiento
y el bautismo son “para el perdón de los pecados" (cf.
Hechos 2:38). El bautismo de fe es un bautismo en la muerte
de Cristo (Romanos 6:3) y en el cuerpo de Cristo (1 Corintios
12:13). Si uno desconoce este énfasis en el Nuevo Testamento
y especialmente si niega o lucha en contra de este significado,
su bautismo difícilmente puede calificar como el bautismo
genuino de las escrituras. Mientras que las personas en
el tiempo de los apóstoles pueden haber ignorado diversos
aspectos de este acto, evidentemente ellos no negaron su
significado o propósito básicos.
Debemos
diferenciar claramente el verdadero acto significativo
del bautismo, que hemos descubierto en las escrituras del “sacramento” post
apostólico, del bautismo que niega las características
básicas propias del bautismo del Nuevo Testamento. Esta
opinión, que surgió en los siglos segundo, tercero y cuarto
predomina incluso hoy en día en la “Cristiandad” de todo
el mundo. Se ve al bautismo como una ceremonia de agua
eclesial semi-mágica usualmente desempeñada por un sacerdote
o clérigo “ordenado”. Se piensa que el ritual concede a
un infante salvación, perdón y el Espíritu Santo – sin
la necesidad de la existencia de una fe consciente, sin
un arrepentimiento deliberado, sin un pleno compromiso
para toda la vida y sin la aceptación del yugo del discipulado.
Las Escrituras no respaldan de ninguna manera esta percepción ex
opere operato del bautismo—una visión que diría que
algo automático ocurre en el mismo acto del bautismo sin
consideración alguna de lo que el bautismo desea en efecto
expresar. El bautismo tiene significado debido a aquello
que personifica (fe
y arrepentimiento) y debido a su relación con
la muerte redentora de Cristo por nuestros pecados (Romanos
6:3-4; Mateo 26:28).
Esta
perspectiva sacramental predominó durante el largo período
medieval. En el siglo XVI los anabaptistas se opusieron
con justa razón a esta teología de la "regeneración
bautismal" de la iglesia Católica Romana (y Luterana),
y debido a su oposición fueron perseguidos severamente.
Tristemente, muchos grupos a partir de esa época, proclamando
mantener el “bautismo del creyente” han vaciado de tal
manera su acto de bautismo de contenido bíblico que ahora éste
contiene muy poca semejanza con el acto de fe y obediencia
del Nuevo Testamento. Mucho de esto proviene de una reacción
exagerada en contra de la perspectiva católica de la “regeneración
bautismal” del infante, pero parte de esto proviene de
una simple incredulidad – por caer en falta al no tomar
las escrituras seriamente y no creer en todo lo que esta
revela sobre el acto del bautismo.
El
Cuerpo de Cristo es la Comunidad de Cristo
Cuando nos referimos al cuerpo de
Cristo, nos referimos necesariamente a la comunidad o congregación de
Cristo. El término original es ekklesia,
un término usualmente traducido como "iglesia" en
la mayoría de las traducciones. Esta es una traducción
pobre, una mejor traducción habría sido comunidad, agrupación,
congregación o asamblea. El término “iglesia” lleva una
connotación formal, organizacional, institucional y denominacional
que el término ekklesia no
tenía. De hecho, "iglesia" se deriva de un término
griego totalmente diferente (kuriakon),
que significa "la casa del Señor" (Terry L. Miethe, A Compact
Dictionary of Doctrinal Words [Diccionario
Compacto de Palabras Doctrinales], p.59).
Lo que
tratamos de decir con esto es lo siguiente: Cuando las
escrituras hablan del bautismo, lo relacionan con el ingreso
al cuerpo de Cristo o
a la “comunidad” o “asamblea” de Dios. Uno se convierte
en un miembro del “cuerpo de Cristo” y “cada uno individualmente un miembro de él” (1 Corintios 12:27; cf.
v.12; Romanos 12:4-5) cuando uno responde por fe en bautismo.
Uno se vuelve parte de la agrupación de creyentes, la asamblea
de santos, la comunidad de discípulos, o la familia de
Dios. Las escrituras identifican definitivamente al “cuerpo” con
la “comunidad” y la "comunidad" con el "cuerpo": “la ekklesia,
la cual es su cuerpo” (Efesios
1:22-23); "El
es también la cabeza del cuerpo que es la ekklesia" (Colosenses
1:18; cf. v.24).
Idealmente,
esta comunidad de creyentes debería tener varias características
que se deriven del hecho de que está compuesta por creyentes
arrepentidos que han sido bautizados, que han sido limpiados
de sus pecados, que están haciéndose santos a través del
obrar del Espíritu Santo, que están viviendo en obediencia
activa a la voluntad de Dios y que están siendo conformados
a la imagen de Cristo. Dios ha dicho que cada manifestación
local del cuerpo universal de Cristo (i.e., cada asamblea
local) debe:
· Edificarse
a sí misma en amor (Efesios 4:16).
· Amonestar
a los indisciplinados (1 Tesalonicenses 5:14).
· Cuidar
de las necesidades espirituales (Gálatas. 6:2; 1 Corintios
12:27).
· Cuidar
de las necesidades físicas (2 Corintios 8:1-15).
· Excluir
a aquel que no se arrepiente (Mateo 13:15-20; 1 Corintios
5).
· Promover
el amor y las buenas obras (Hebreos 10:24-25).
· Llevar
el mensaje de Cristo a otros (Marcos 16:15).
Esto
por supuesto se diferencia grandemente de lo que hemos
visto a menudo hoy en día en el mundo religioso en el cual
puede haber:
· Fe
no genuina en Cristo
· Un
arrepentimiento del pecado que no viene del corazón
· Un
acto no verdadero de bautismo
· Un
significado no verdadero de bautismo
· Falta
de compromiso con Cristo como Señor y Rey
· No
se da a Cristo la gloria que Él merece como salvador
· No
se camina en santidad y justicia
· No
hay una adherencia seria al modelo bíblico para la asamblea
· No
hay separación del mundo ni de sus caminos de maldad
· No
hay conformidad con los caminos de Dios
· No
hay una devoción seria con las escrituras
· No
hay compromiso con una obediencia práctica
Se
podría decir mucho más acerca de los privilegios y responsabilidades
de cada comunidad local de Cristo. Definitivamente existe
una responsabilidad corporativa de caminar en la verdad
de Dios (2 Juan 4; 3 Juan 4), de vivir en absoluta santidad
y paz (Hebreos 12:14; 1 Tesalonicenses 5:23), y crecer
en amor genuino (1 Tesalonicenses 3:12; 2 Tesalonicenses
1:3). Si una agrupación local se muestra infiel a Dios,
Cristo quitará su candelero de su lugar (Apocalipsis 2:5)—una
representación gráfica que sin duda significa que Él dejará de
reconocerla como una verdadera comunidad suya.
Además, podemos notar que una asamblea no necesita estar compuesta por cientos
de cristianos. Tampoco necesita tener cincuenta, veinte,
ni diez. Sin lugar a duda, un cristiano solitario no podría
constituir una comunidad en un área determinada. Se necesitaría
tener dos o más. Jesús
sugirió esto en Mateo 18:20: "donde están dos o tres
reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos." Tal
vez Mateo 18:15-17 pueda sugerir incluso muchos en número.
Como notamos anteriormente Lidia y su familia (esto sería
al menos tres personas) deben haber sido el núcleo de la
familia de Dios en Filipos (Hechos 16:14-15). Pero un cristiano
en la situación particular de estar solo en un determinado
momento cualquiera que sea (e.g., el Etíope, Hechos 8),
sin duda no constituiría una comunidad local—aunque él
sería parte del cuerpo universal de Cristo o ekklesia de
Dios. Igualmente, él se convirtió en un miembro del cuerpo
cuando él a través de su fe y arrepentimiento, por un Espíritu,
fue bautizado en un solo cuerpo (cf. 1 Corintios 12:13;
Hechos 8:36-39).
Implicaciones de Nuestro Estudio
Hemos
revisado muchos pasajes bíblicos y hemos aprendido que,
en verdad, el bautismo tiene un significado directo en el hecho de que una persona forme parte del cuerpo de
Cristo, la comunidad del Señor. Consideremos otras varias
implicaciones de nuestro estudio.
Primero,
uno ingresa al cuerpo de Cristo en
el momento de su salvación. Existen muchas bendiciones
relacionadas a la salvación (perdón, redención, reconciliación,
herencia, el Espíritu Santo, condición de hijos, nuevo
nacimiento, etc.)—y la membresía en la ekklesia,
la comunidad, el cuerpo de Cristo, es uno de ellos. Cuando
una persona con convicción sincera, con fe verdadera (Juan
3:15-18) y arrepentimiento genuino (Hechos 3:19) es bautizada
en Cristo (Hechos 2:38-41; Romanos 6:3-5), Dios la añade,
a través de su gracia, a la comunidad de los que han sido
salvos o al cuerpo de Cristo (Hechos 2:41,47; 1 Corintios
12:13).
Segundo,
uno se convierte automáticamente en parte de la manifestación local del cuerpo de
Cristo en el momento de la conversión o lo que es lo mismo,
en el momento del bautismo. No hemos visto que una persona
que desea convertirse deba seguir un proceso ni de dos
ni de tres pasos para ser parte de una comunidad local.
Aquellas personas arrepentidas y bautizadas en Jerusalén,
no necesitaban esperar tres años, un año, un mes, ni siquiera
una semana después de que eran bautizados para convertirse
en parte de la comunidad de creyentes (Hechos 2:38-47;
cf. 5:14). Los
creyentes arrepentidos y bautizados constituyeron
inmediatamente la comunidad de Jerusalén.
Tercero,
no existe indicación de que un individuo una vez salvo
y perdonado se convertiría en un cristiano solitario— esto es siempre y cuando hubiera una asamblea de creyentes
fieles y obedientes en dicha localidad. Simplemente se “suponía” que
uno sería parte de una manifestación local del cuerpo universal
de Cristo. Por lo tanto, no había referencia alguna en
cuanto al individualismo entre los santos de las primeras comunidades. Sabemos,
por supuesto, de que había excepciones (tales como el Etíope
y tal vez otros) y habrá excepciones hasta
el día de hoy. En estos días de incredulidad, desobediencia,
donde reina lo mundano y la apostasía muchos de los que dicen ser
cristianos realmente no son Cristianos genuinos.
Por lo tanto un cristiano puede encontrarse solo hasta
que Dios obre para cambiar las circunstancias. Pero debemos
ver esto como la excepción y no la regla.
Cuarto,
considere la composición del cuerpo en
los tiempos apostólicos. Los miembros eran creyentes. Ellos
eran creyentes arrepentidos que se habían bautizado (i.e.,
inmersos—sumergidos momentáneamente en agua y levantados
del agua). Ellos eran creyentes arrepentidos y bautizados
que caminaban en temor del Señor (Hechos 9:31), caminaban
en verdad (3 Juan 4), caminaban en amor (2 Juan 5-6), caminaban
en santidad (Hebreos 12:14), y caminaban en comunión y
adoración verdadera (Hechos. 2:42). Aquí estamos hablando
de algo ideal que
debería ser siempre nuestro mayor deseo.
Quinto,
la primera comunidad de creyentes definitivamente no era
un “club” religioso o una organización. Era muy diferente
del club de Leones o del Rotary Club. No era como los Masones,
ni como ninguna otra asociación que el mundo conozca. Era
distinta de cualquier club social u organización secular
o religiosa. Uno no podría “unirse” del mismo modo en que
uno se uniría a un club o asociación. En vez de ser una
institución u “organización”, la primera comunidad de santos
era en realidad un "organismo"—un cuerpo vivo
compuesto de miembros vivos, conectados mediante una relación
vital y salvífica a la Cabeza, Cristo Jesús el Señor (Efesios
4:15-17). También se dice que el cuerpo se asemeja a una
familia, la propia “casa” de Dios (Efesios 2:19), compuesta
por hermanos y hermanas (Santiago 2:15; 1 Corintios 7:15)
quienes son hijos amados de Dios (1 Juan 3:1-2), hijos
e hijas del Padre Celestial (2 Corintios 6:18).
Sexto,
seguramente había diferencias entre
los diversos miembros aunque ellos estaban dentro del mismo
cuerpo. Pablo dice, "Pues
así como en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no
todos los miembros tienen la misma función, así nosotros,
que somos muchos, somos un cuerpo en Cristo e individualmente
miembros los unos de los otros." (Romanos
12:4-5; cf. 1 Corintios 12:12-30). Pablo
menciona la diversidad dentro del cuerpo: "Pues por
un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo,
ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se
nos dio a beber del mismo Espíritu" (1 Corintios 12:13).
En otro contexto sobre el bautismo Pablo escribe, "No
hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre
ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas.
3:27-28; cf. Colosenses 3:11). Todos los creyentes se habían
convertido en “hijos de Dios mediante la fe” (Gálatas 3:26).
Ellos eran hijos de Dios "en Cristo Jesús" (v.
26). Y ellos
se habían unido a
Jesucristo mediante el bautismo: “todos los que fuisteis bautizados en Cristo, de Cristo os habéis revestido” (v. 27). Dentro
del cuerpo se espera que exista una diversidad legítima.
Sétimo,
existe una diversidad apropiada, también debe haber una
unidad y compañerismo profundos. Los miembros deben ser
cada vez más unidos.
Pablo da esta directiva sorprendente: “Os ruego, hermanos,
por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos os
pongáis de acuerdo,
y que no haya divisiones entre vosotros, sino que estéis
enteramente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer” (1
Corintios 1:10). En otra parte Pablo hace la misma petición: "Haced
completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito" (Filipenses 2:2; cf. 1:27). Aquellos que han
sido bautizados en el cuerpo de Cristo deberían estar cada
vez más de acuerdo acerca de lo que es la voluntad de Dios,
compartir cada vez más un estilo de vida común y ver cada
vez más las circunstancias y el mundo con una perspectiva
común—La perspectiva de Dios mismo revelada en las Escrituras.
Octavo,
cuando una persona se vuelve a Cristo en arrepentimiento
y bautismo, se convierte en parte del cuerpo de Cristo—pero
no se convierte en parte de una denominación
humana o secta. Como lo hemos observado, la asamblea
del Nuevo Testamento no era institucional, denominacional
ni sectaria. La comunidad de creyentes era simplemente
eso—una agrupación de individuos que estaban unidos a Cristo,
la cabeza, y por tanto estaban unidos entre si por lazos
de amor (Colosenses 2:2; 3:14). Si
una persona cree que a través del bautismo se está convirtiendo
en parte de una denominación, institución, iglesia u organización
religiosa sin duda ha malentendido el concepto del bautismo
bíblico así como del cuerpo de Cristo. Si el bautismo de
una persona es un bautismo denominacional sin duda no es
el bautismo del Nuevo Testamento, que es el bautismo de
la Gran Comisión, por tanto esta persona no ha sido bautizada
genuinamente de acuerdo a las Escrituras. Si uno ha experimentado
un bautismo deficiente, este es un bautismo no
válido, no bíblico,
y la persona necesita volverse a bautizar (en realidad
sería la primera vez que se bautiza, esta vez de acuerdo
a las Escrituras).
Noveno,
en este estudio no hemos discutido extensivamente todos
los significados y propósitos del
bautismo. Hemos
hecho alusión al hecho de que el bautismo es en realidad
una inmersión en agua. El término griego baptizo significa
en realidad sumergir, hundirse, hundirse y volver a salir,
meter algo en, abrumar con, inundar (ver The
Expanded Vine's Expository Dictionary of New Testament Words [Diccionario Expositivo Ampliado de Vine sobre Palabras del Nuevo Testamento],
pp. 88-89; Wesley J. Perschbacher, The New Analytical Greek Lexicon [El Nuevo Lexicón Analítico del Griego], p. 66; Arndt and Gingrich, A
Greek English Lexicon of the New Testament [Lexicón
Griego-Inglés del Nuevo Testamento], pp. 131-132). (Ver
también el capítulo 3 de nuestro estudio, Una
discusión amistosa acerca del bautismo, y nuestro estudio
personal, La enseñanza
bíblica acerca del bautismo.) En todas las escrituras
que hemos examinado deberíamos mantener en mente que, cuando
Jesús o Pablo o Pedro se refieren al "bautismo",
ellos están pensando en la inmersión en agua – y no los
sustitutos de hoy en día de humedecer, salpicar o derramar
agua. Esto es necesario para la importancia de todo nuestro
estudio.
Consejos
Para el Día de Hoy
Luego
de concluir con este estudio permítanos hacer varias aplicaciones.
En
primer lugar, cualquiera sea su situación religiosa en
la actualidad, usted necesita regresar al Señor y obedecerle.
Si usted no ha creído realmente, usted necesita colocar
su fe en el señor crucificado y resucitado. Si usted no
se ha arrepentido de sus pecados, usted necesita cambiar
su corazón en cuanto a sus pecados y a su relación con
Dios. Si usted no ha sido bautizado (inmerso), usted necesita
someterse a la voluntad del Señor en esto.
Segundo,
si usted está cerca a un grupo de creyentes verdaderos
que están viviendo en verdad y santidad, usted necesita
estar con ellos. Si usted se pregunta si un grupo o sus
conocidos cumplen con esta descripción, usted querrá determinar
definitivamente si ellos se han vuelto al Señor tal como
lo dicen las escrituras y si se han convertido en efecto
en parte de un solo cuerpo a través del bautismo bíblico.
Aunque existen muchos grupos religiosos e iglesias el día
de hoy, pocos han cumplido con la voluntad del Señor en
esta área así como en otras áreas. Hágase parte de una
comunidad que guarda conformidad con las directivas de
las escrituras en un bautismo verdadero y en otros elementos
de verdad y santidad.
Tercero,
si no existe una manifestación local en su área (que usted
conozca), empiece a compartir acerca de Cristo y su voluntad
con otros. A medida que el señor empieza a traer a personas
con necesidades espirituales a su camino, y a medida que
ellos son bautizados en Él y en Su Cuerpo empiece a reunirse
con ellos para su edificación, comunión, para alabar y
para otras actividades bíblicas. Lea el Nuevo Testamento
y haga de él su "programa de acción" y haga corresponder
cada aspecto de la comunidad de creyentes bautizados con
las directivas que allí se definan. Recuerde que usted
debe dar cuentas a Dios y no a un consejo gobernante denominacional
humano ni a una jerarquía eclesial.
Cuarto,
si usted conoce de una comunidad genuina de Cristo en alguna
parte, usted puede escoger mudarse allá para estar cerca
a los creyentes en esa localidad. Usted podría nutrirse
en ese lugar y podría también edificar a otros en la fe.
Sin embargo, como se mencionó anteriormente, sea cuidadoso
hasta que esté plenamente seguro de que ellos están caminando
conforme a la voluntad de Dios en cuanto a una fe verdadera,
pureza, bautizmo, las obras internas de la comunidad y
todas las demás áreas de la verdad.
A
medida que cada persona que busca la verdad percibe la
variedad de iglesias, asambleas, comunidades, grupos en
hogares en el mundo el día de hoy, debe prestar atención
especial a muchos factores cruciales. Debe considerar las
cualidades de dichas agrupaciones, su amor por Dios y su
Palabra, su énfasis en Cristo y la obra del Espíritu, su
amor y calidez dentro de la comunidad, su interés y compasión
por el débil y el afligido y su pasión por alcanzar al
perdido. Debe considerar si ellos están separados del mundo
y si ellos excluyen a los miembros que no se arrepienten.
Debe cuestionar qué es lo que piensan de los supervisores-ancianos,
servidores (conocidos también como diáconos), predicadores
y maestros, tal como los define la Biblia. Debería considerar
si ellos llevan a cabo la adoración tal como lo indica
el Nuevo Testamento—oración, cánticos, edificación mutua,
enseñanza y la partición semanal del pan.
Y
es sumamente importante que aquel que busca la verdad y
la comunión con otros creyentes examine si los miembros
del cuerpo se han arrepentido verdaderamente, si han ejercido
una fe salvífica y se han sometido a un bautismo bíblico—un
entierro y resurrección que los identifica con Cristo y
el evangelio para el perdón de los pecados, y que los llevó a
ser parte del cuerpo de creyentes del Señor. Definitivamente
esto último es una prioridad y no debe ser pasada por alto
ni minimizada. Ya que Cristo puso mucha importancia en
el bautismo, debemos hacer lo mismo.
¿Podemos
Ayudarlo?
Hemos
discutido importantes temas en este estudio—temas que afectan
su vida diaria y su futuro tanto en la tierra como en la
eternidad. La Biblia dice que “la infinita sabiduría de Dios” sea ahora “dada a conocer por medio de
la iglesia [ekklesia] a
los principados y potestades en los lugares celestiales” (Efesios
3:10). El cuerpo
espiritual de creyentes de Cristo es precioso para Él.
La familia o la casa de Dios está cerca a su corazón. Es
vital que seamos parte de este cuerpo ya que Cristo es "el
Salvador del cuerpo" (Efesios 5:23). Es esencial que
formemos parte del pueblo de Dios, o lo que es lo mismo,
del cuerpo de Cristo, que “Él compró con su propia sangre” (Hechos
20:28).
En
este estudio hemos examinado como se relaciona el bautismo
con este cuerpo o comunidad. Hemos visto que esto tiene
un significado directo con la entrada al cuerpo espiritual
de Cristo. A
manera que respondemos a las buenas nuevas del Señor crucificado
y resucitado, a manera que ponemos nuestra confianza y
seguridad en el Señor resucitado, a medida que nos alejamos
de nuestros pecados y de nuestra autosuficiencia para conducir
nuestra vida y a medida que somos bautizados en Cristo
Jesús, Dios nos añade a su comunidad redimida. Cristo lo
añadirá a su cuerpo espiritual. El Espíritu morará en nosotros
así como mora en la comunidad de Dios como un todo. Corramos
a Él con los brazos abiertos y aceptemos su abundante gracia,
su gracia y amor que son revelados en el maravilloso cuerpo
de creyentes de Cristo.
Richard
Hollerman
(Traductora: Monica
Hollerman)
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