¡Salgan y Reunanse!
Descubra
la Voluntad de Dios para usted
en el Cuerpo de Cristo
Hoy en día vemos miles de personas diseminadas
en pequeños pueblos, grandes ciudades y en los campos, que
han salido de los cuerpos religiosos que alguna vez conocieron
y que ahora están prácticamente solas. Se trata de individuos,
familias y pequeños grupos aislados de gente que va en búsqueda
de la verdad pero que ya no pertenecen a las iglesias, denominaciones
y sectas donde alguna vez fueron miembros.
Estas personas que salen de su agrupación
están solas por diferentes razones, pero muchos han decidido
conscientemente dejar el pasado atrás, lanzándose por su
propia cuenta en la búsqueda de algo más vivo, más honesto
y más Bíblico. Algunos han visto una incredulidad desenfrenada
en sus antiguas iglesias y han tomado en serio las palabras
de Pablo: "No estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos … ‘Por
tanto, salid de en medio de ellos y apartaos, dice
el Señor" (2 Corintios 6:14, 17). Otros han leído lo que
el Señor ordenó a aquellos en "Babilonia la grande": "Salid de
ella, pueblo mío, para que no participéis de sus pecados" (Apocalipsis
18:4). Otros más han visto cómo el apóstol Pablo "se apartó de
ellos [los judíos en la sinagoga] llevándose a los discípulos,
y discutía diariamente en la escuela de Tirano" (Hechos 19:9).
Si Pablo se apartó de aquellos que se oponían a la verdad,
se concluye que nosotros deberíamos hacerlo de la misma manera
hoy.
Conforme estas personas han evaluado su afiliación
denominacional pasada, muchos han tomado la propia directiva
de Dios al corazón: "Toda planta que mi Padre celestial no
haya plantado, será desarraigada. Dejadlos;
son ciegos guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego,
ambos caerán en el hoyo" (Mateo 15:13-14). Estas personas
prefieren no ser guiadas por "guías de ciegos" en una organización
humana que el Señor "desarraigará" algún día. Desde luego,
hay quienes observan cómo sus iglesias toleran lo mundano
y carnal, y lo comparan con la descripción que dio Pablo
sobre "los tiempos difíciles" de los "últimos días" (2 Timoteo
3:1-5). Ellos se percatan de lo que Pablo habla acerca de
estas personas mundanas y carnales: "a los tales evita" (v.
5c). Consejos como éste han persuadido a algunos a abandonar
su pasado religioso y a simplemente "salir" de las iglesias
organizadas.
Estas personas devotas generalmente no se
han sentido satisfechas con uno o muchos aspectos de su participación
religiosa pasada. Como se vio anteriormente, se han alejado
de la apostasía y la incredulidad. Ya han tenido suficiente
de falsos maestros y se han apartado de las falsas doctrinas
(Romanos 16:17-18). Algunos han decidido salir debido a que
han visto que en las iglesias aumenta lo mundano, no queriendo
exponer a sus hijos a este peligro (Santiago
4:4; Efesios 6:4). Otros han concluido que ya no pueden tolerar
el materialismo y codicia de los miembros de la iglesia,
ni la enseñanza de prosperidad de sus pastores (1 Timoteo
6:9-10). Algunas de estas personas fervientes se han hartado
de la "fácil creencia" de sus iglesias y del estilo de vida
holgado que esta enseñanza produce usualmente. Incluso, otros
han advertido la expansión de la inmoralidad sexual, el adulterio
y, algunas veces, el homosexualismo encontrado en iglesias
establecidas; y no pueden seguir tolerando las condiciones
que permiten que esto suceda (Hebreos 13:4; 1 Tesalonicenses
4:3-8).
Muchos padres que han elegido educar a sus
hijos en casa, han abandonado las iglesias, percibiendo que
son rechazados por la mayoría que opta por la enseñanza piadosa,
secular y pública. Existen otros que, sencillamente, ya no
pueden estar de acuerdo con el estilo de vida carnal, mundano
y de placer que las iglesias establecidas que han conocido
promueven (Colosenses 3:1-2). Un cierto número de estas personas
que han dejado su agrupación ha visto la diferencia entre
el modelo primitivo del Nuevo Testamento y el sistema religioso
actual que prevalece en nuestro mundo, y simplemente han
decidido abandonar lo que, obviamente, es un distanciamiento
de las formas bíblicas.
Aquí se debe añadir algo más: Aún hay almas
devotas en denominaciones principales, congregaciones independientes
y pequeñas fraternidades, que todavía no han abandonado su
membresía o que todavía no han abandonado sus asociaciones
religiosas. De alguna forma han asumido, o esperado, que
su presencia marque la diferencia. Han tratado de influenciar
en el liderazgo o membresía para establecer doctrinas que
guarden mayor conformidad con la Biblia, para mantener un
estilo de vida más santo o para desarrollar una entrega plena
a Jesucristo. Con todo, sus esfuerzos han sido a la larga
en vano. Sus familias están siendo influenciadas por cosas
mundanas y carnales, sus propias vidas han sido arrastradas
por el compromiso, sus contribuciones están sosteniendo un
sistema no bíblico, temen traer amigos y vecinos de visita,
no sea que se influencien de los elementos no bíblicos. Aunque
estas almas entregadas todavía se encuentran dentro de las
iglesias establecidas, necesitan salir y buscar
algo mejor, algo más Bíblico, algo más agradable a Dios.
El desafío de Dios para ellos es el mismo pronunciado por
Josué: "escoged hoy a quién habéis de servir" (Josué 24:15)
El mismo compromiso con la Biblia que ha empujado
a muchos a salir de iglesias institucionales organizadas
y de denominaciones principales, ha persuadido a otras personas
a salir de diferentes "templos" y "reuniones familiares." Tal
como las iglesias y denominaciones institucionales pueden
desviarse de las Escrituras, así también estos pequeños grupos
familiares pueden no estar basados en la Biblia. Estos grupos
pueden estar basándose en diversas falsas doctrinas, participar
en la generalizada tendencia a lo mundano, aceptar la sucia
inmodestia de nuestra era, participar en numerosas prácticas
no bíblicas, abrazar la perspectiva feminista secular, permitir
a sus hijos estar atrapados en los placeres carnales y, generalmente,
caer bajo el mismo juicio que las iglesias organizadas. Es
así que algunos han salido de estas expresiones religiosas
más informales y se encuentran solos. Ya sea que estas personas
hayan salido de grupos más pequeños o de instituciones inmensas
de Cristianismo, miles se encuentran solos, sin una congregación
cercana. Cada persona, cada familia y cada pequeño grupo
de gente que deja su agrupación debe ser considerada como
un caso único. Cada uno tiene su propia historia y motivo
para estar solo, o casi solo.
En términos generales, estas personas tienen
ciertos elementos en común: usualmente provienen de denominaciones,
sectas e iglesias establecidas; generalmente tienen un considerable
interés por la Biblia y se preocupan por lo que ella enseña.
No sólo están interesados en la creencia correcta,
sino también en la práctica correcta y en un estilo
de vida consistente. Mayormente estas personas tienen
una gran devoción por enseñar y discipular a sus hijos en
los caminos de la santidad. A los padres usualmente les importa
proteger a sus familias de influencias dañinas provenientes
tanto del mundo como de las instituciones religiosas. Debido
a que han notado que sus antiguas iglesias son espiritualmente
muertas, mundanas o indiferentes, ellos han iniciado una
búsqueda por encontrar una vida y un ambiente que sean espirituales
y verdaderos. Algunas de estas personas han soñado
con retornar al tipo de vida y adoración del Antiguo Testamento,
pero sencillamente no saben dónde comenzar.
Debemos admitir que no todos los que salen
de las religiones establecidas tienen los mejores motivos
o el carácter más cabal. En algunos casos se trata de personas
problemáticas meramente descontentas, con quienes es difícil
estar en compañía. Otros tienen disposiciones y personalidades
desagradables por lo que han sido rechazados por sus compañeros
miembros y salen con fuertes resentimientos. Un cierto número
de estas personas son simplemente individuos que buscan sus
propios intereses, que no pueden llevarse bien con la gente
ni les gusta otra gente. Seguramente existe un grupo considerable
de ellos que sostienen falsas doctrinas y, por consiguiente,
no pueden sentirse bienvenidos en una asociación más ortodoxa.
Unos cuantos deben haber sido en efecto, excomulgados por
diferentes razones. Por último, hay quienes se sienten bien
estando solos. Todos ellos deben imaginar que tienen una
relación especial con Dios y que no necesitan de otras personas
ni éstas los necesitan a ellos.
¿QUÉ ES
LO QUE DIOS DESEA?
Hemos hablado suficiente sobre las razones
por las que las personas están solas fuera de cualquier congregación. ¿Se
identifica con algunas de las descripciones que acabamos
de dar? ¿Ha salido usted de su iglesia o denominación anterior
y ahora está solo? Por otro lado, tal vez usted se ha comprometido
de alguna manera con el Señor en el pasado, pero después
de eso nunca se hizo miembro de una congregación. Sea cual
fuere el motivo, si actualmente se encuentra solo y preguntándose
cómo debería ver su situación, Dios tiene una respuesta.
Ahora necesitamos buscar y ver en la Biblia lo que Dios dice
sobre aquellos que no pertenecen a cuerpos religiosos organizados,
pero que están buscando respuestas.
IDEALMENTE, DIOS
NO DESEA EL AISLAMIENTO
Conforme leemos las Escrituras del Antiguo
Testamento podemos ver que lo ideal para Dios sería que la
gente no estuviera sola. Sin embargo, hay excepciones y
la Biblia revela este aspecto. Por ejemplo, recuerde al etíope
quien se entregó al Señor mediante el bautizo, luego aparentemente
continuó su camino como un cristiano solitario (cf. Hechos
8:35-39). Considere también a Pablo que escribió desde una
prisión romana: "todos los que están en Asia me han vuelto
la espalda", luego admite, "En mi primera defensa nadie estuvo
a mi lado, sino que todos me abandonaron" (2 Timoteo 1:15;
4:16). Desde luego que Juan el Bautista debe haber pasado
bastante tiempo solo en el desierto, pero su caso es único
(cf. Lucas 1:80). Algunos creen que Pablo pasó un largo tiempo
solo en Arabia luego de su conversión, pero esto es una mera,
y probablemente errada, suposición (cf. Gálatas 1:17; Hechos
26:16-20). También debemos recordar al apóstol Juan que quizá fue
desterrado a la isla llamada Patmos sin compañía alguna (cf.
Apocalipsis 1:9). Estas referencias bíblicas con respecto
a la soledad son excepciones y no la regla. No es para nuestro
bien estar solos ni querer el aislamiento y,
generalmente, no va con los planes de Dios para nosotros.
Si un cristiano se congrega con sólo uno u
otros dos creyentes, es mejor que vivir aislado. Recuerde
el consejo de Salomón: "Más valen dos que uno solo, pues
tienen mejor remuneración por su trabajo. Porque si uno de
ellos cae, el otro levantará a su compañero; pero ¡ay del
que cae cuando no hay otro que lo levante" (Eclesiastés 4:9-10).
En otra parte, el sabio dice, "El que vive aislado busca su
propio deseo, contra todo
consejo se encoleriza" (Proverbios 18:1). Jesús también habló de
la importancia de sólo dos o tres creyentes que se reúnen: "Porque
donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy
yo en medio de ellos" (Mateo 18:20). Debemos concluir que,
idealmente, Dios no quiere que usted esté solo; Él desea
que usted se congregue con otros creyentes obedientes, siempre
y cuando usted pueda contar con esta clase de creyentes cerca
de donde usted vive.
EJEMPLOS BÍBLICOS DE COMUNIDADES
CREYENTES
Hechos de los Apóstoles. Conforme estudiamos
el libro de Hechos, observamos claramente que los primeros
cristianos eran miembros del cuerpo de Cristo y parte de
las comunidades locales de creyentes. El día del Pentecostés,
quienes respondieron al mensaje de Pedro sobre el arrepentimiento
y el bautismo (Hechos 2:38-39) fueron "añadidos" al cuerpo
de creyentes (vv. 41-42). Luego "el Señor añadía cada día
al número de ellos los que iban siendo salvos" (v. 47). Incluso
después de esto, leemos que "más y más creyentes en el Señor" "se
añadían" a la comunidad de Jerusalén (5:14).
Después que el apóstol Pablo se volvió a Cristo
siendo bautizado, lavando sus pecados e invocando el nombre
del Señor, las Escrituras dicen que "estuvo con los discípulos
que estaban en Damasco" (Hechos 22:16; 9:18-19). Posteriormente,
cuando fue a Jerusalén, Pablo buscó "juntarse con los discípulos" (9:26).
Lucas nos cuenta que muchos años después, Pablo y Bernabé "se
reunieron con la iglesia" en Antioquia y enseñaron a los
discípulos (11:26). Más tarde, ellos dos recorrieron Galacia
de Asia Menor, llevando a la gente a la salvación, después
volvieron a visitar cada pueblo (vv. 13-14). Lucas menciona
que "designaron ancianos en cada iglesia" de discípulos (14:22-23).
Estas referencias muestran que los creyentes se juntaban
con otros creyentes en las diferentes localidades geográficas.
Considere también la primera prédica en Europa.
Cuatro "evangelistas" o predicadores de las buenas nuevas
de Cristo (Pablo, Silas, Timoteo y Lucas), hablaron a un
grupo de mujeres en Filipos. Lidia y su casa respondieron
bautizándose; convirtiéndose así, en el núcleo de la comunidad
de Dios en la ciudad (Hechos 16:13-15). Otros respondieron
al mensaje de Cristo y estos "hermanos" aparentemente se
reunían en la casa de Lidia (v. 40). Conforme Pablo iba de
ciudad en ciudad, judíos, gentiles temerosos de Dios y gentiles
paganos se volvieron a Cristo y a Su salvación. Ellos automáticamente
formaron parte de la comunidad o asamblea de salvos en su
localidad. Cuando Pablo visitaba ciertos pueblos, podía reunir
a los discípulos locales porque se conocían mutuamente (cf.
21:4,7,8; 27:3; 28:14). Aún si el número era reducido, se
asumía que podían congregarse, siempre y cuando fueran fieles
a la enseñanza de los apóstoles.
Las Epístolas. Las
cartas apostólicas disponen de una abundante evidencia que
muestra que "de hecho" aquellos que eran salvos y obedientes
al Señor se reunían con otros. Recuerde que la mayoría de
las cartas eran escritas a las mismas comunidades de creyentes
de ciudades prominentes (Romanos, Corintios, Efesios, Filipenses,
Colosenses, Tesalonicenses). La naturaleza de algunas cartas
era más general, como aquéllas dirigidas a cristianos en
diversas áreas geográficas (Gálatas, 1 Pedro). Esto indica
la importancia del "aspecto comunitario" de la vida cristiana
en sus inicios.
En una gran ciudad como Roma, con una población
aproximada de casi un millón, los creyentes se asociaban
en pequeñas congregaciones en hogares. Por ejemplo, Pablo
envía saludos a sus amados amigos, Priscila y Aquila, así como
a "la iglesia que está en su casa" (Romanos 16:5). Saluda
a cinco varones y "a todos los santos que están con ellos" (v.
15). Mientras Pablo escribe su carta a los Romanos, envía
saludos a Gayo quien es "hospedador" de Pablo y de "toda
la iglesia" (v. 23). Estas referencias sencillas revelan
que los cristianos estaban, generalmente, asociados con otros
en un lazo común de fe y amor, incluso si su número en varias
localidades, resultaba ser reducido.
Apocalipsis. El último
libro del Antiguo Testamento fue escrito para siete iglesias
de Asia antigua (actualmente Asia Menor). Estas comunidades
creyentes estaban ubicadas en las ciudades de Efeso, Esmirna,
Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea (Apocalipsis
2-3). Es interesante observar que el evangelio fue anunciado
primeramente a la gente que vivía en las ciudades más grandes;
luego, a las más pequeñas y, finalmente, mucho tiempo después,
llegó al campo. Pero dondequiera que las personas respondían
a la verdad de Cristo, buscaban congregarse con otros que
habían respondido de la misma manera y creían en una "salvación
común" (cf. Judas 3).
Los Evangelios. Incluso
en los Evangelios vemos un indicio de lo que sigue en los
planes de Cristo. Por ejemplo, Jesús habla de cómo tratar
el pecado de un hermano y reconciliarse entre hermanos (Mateo
18:15-20). Aquí parece que se anticipa a futuras condiciones
porque menciona que si el pecador no se arrepiente aun después
de una segunda confrontación con testigos, uno debería "decirlo
[el pecado sin arrepentimiento] a la iglesia" (v. 17). ¿Qué iglesia
o comunidad? Aparentemente se refiere al cuerpo local de
discípulos al que pertenece la persona.
PRESUPOSICIONES
EN LAS CARTAS APOSTÓLICAS
Mucha de la información contenida en las cartas
del Nuevo Testamento presupone que los lectores están en
un contexto en el que pueden realizar ciertas instrucciones.
Observe varios ejemplos.
Relaciones del Uno con el Otro. Una y otra vez el
Nuevo Testamento nos enseña cómo responder a los hermanos
y hermanas de manera recíproca. Esta relación
es usualmente expresada únicamente con la expresión "el uno
con el otro" (griego allelon) o, a veces, el
mismo pensamiento es expresado "el uno para con el otro" (griego heautos y,
también, heis ton hena; por ejemplo, 1 Tesalonicenses
5:11). Esto habla de una mutualidad o una relación de "dar
y recibir."
Vea las siguientes ordenanzas que emplean
este pensamiento:
-
"Con honra, daos preferencia unos a otros" (Romanos
12:10).
-
"Tened el mismo sentir unos con otros" (Romanos
12:16).
-
"Procuremos...la edificación mutua" (Romanos
14:19).
-
"Amonestaros los unos a los otros" (Romanos
15:14).
-
"Saludaos los unos a los otros" (Romanos
16:16; 1 Corintios 16:20).
-
"Que los miembros tengan el mismo cuidado unos por otros" (1
Corintios 12:25).
-
"Servíos por amor los unos a los otros" (Gálatas
5:13).
-
"Llevad los unos las cargas de los otros" (Gálatas
6:2).
-
"Soportándoos unos a otros en
amor" (Efesios 4:2).
-
"Sed más bien amables unos con otros" (Efesios
4:32).
-
"Perdonándoos unos a otros" (Efesios
4:32; cf. Colosenses 3:13).
-
"Cada uno de vosotros considere al otro como
más importante que a sí mismo" (Filipenses 2:3).
-
"Enseñándoos… unos a otros" (Colosenses
3:16).
-
"Exhortaos los unos a los otros cada
día" (Hebreos
3:13).
-
"Alentaos los unos a los otros" (1 Tesalonicenses
5:11).
-
"Vivid en paz los unos con los otros" (1
Tesalonicenses 5:13).
-
"Procurad siempre lo bueno los unos para con los otros" (1
Tesalonicenses 5:15).
-
"Consideremos cómo estimularnos unos a otros al
amor y a las buenas obras" (Hebreos 10:24).
-
"Confesaos vuestros pecados unos a otros, y orad unos
por otros" (Santiago 5:16).
-
"Sed hospitalarios los unos para con los otros,
sin murmuraciones" (1 Pedro 4:9).
-
"Revestíos de humildad en vuestro trato mutuo" (1
Pedro 5:5).
Como lo mencionamos anteriormente, estas instrucciones
presuponen que los receptores son capaces de realizar estas
indicaciones de "unos a otros", dando y recibiendo de hermanos
y hermanas verdaderamente salvos. Esto implica una relación
continua, rica y cercana con otros.
Instrucciones para la Unidad y la Cercanía. Quienes
escribieron el Nuevo Testamento tienen como su constante
lema la unidad de aquellos que forman parte del Cuerpo de
Cristo. Por ejemplo, Pablo escribe a los hermanos corintios: "Os
ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo,
que todos os pongáis de acuerdo, y que no haya divisiones
entre vosotros, sino que estéis enteramente unidos en un
mismo sentir y en un mismo parecer" (1 Corintios 1:10). Él
hizo una referencia similar en su carta a los santos de Filipos: "pueda
oír que vosotros estáis firmes en un mismo espíritu, luchando
unánimes por la fe del evangelio" (Filipenses 1:27). Y nuevamente: "haced
completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el
mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito" (2:2).
Pablo escribió a los Romanos "Tened el mismo sentir unos
con otros" (12:16). Él anhelaba que Dios les concediera ser "de
un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes" ellos
pudieran "a una voz" glorificar a Dios (15:5-6).
Los primeros discípulos estaban "juntos y tenían todas las
cosas en común" (Hechos 2:44). Ellos perseveraron "unánimes" y "La
congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma" (2:46;
4:32). Estos ejemplos e instrucciones dan énfasis a la unión
de una relación y vida.
Relaciones Asumidas
dentro del cuerpo de creyentes. Varios
pasajes evidencian la manera en la que se relacionan
los creyentes, y estas relaciones requieren llevar
a cabo los mandatos específicos. Por ejemplo, el escritor
hebreo dice: "exhortaos los unos a los otros cada día,
mientras todavía se dice: Hoy; no sea que alguno
de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado" (Hebreos
3:13). Más adelante, el mismo escritor menciona "y
consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor
y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como
algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos
a otros, y mucho más al ver que el día se acerca" (10:24-25).
Pedro dice: "Según cada uno ha recibido un don especial, úselo
sirviéndoos los unos a los otros como buenos administradores
de la multiforme gracia de Dios" (1 Pedro 4:10). Pasajes
como éstos se cumplen en tanto que nos relacionamos
con otros hijos en la familia de Dios.
Dejar de Congregarse. Las
diferentes partes en las que la Biblia ordena a los cristianos
a no relacionarse con otros, suponen que ellos se congregarán
con aquellos que no han sido excluidos. Por ejemplo, Pablo
dice que no debemos "andar en compañía de" los que se hacen
llamar hermanos o hermanas que sean sexualmente inmorales,
avaros, idólatras, maledicientes, borrachos o ladrones (1
Corintios 5:11; cf. vv. 1-13). En otra parte, Pablo menciona
que los creyentes deben "apartarse" y no "asociarse con" aquellos
que no siguen la tradición apostólica (2 Tesalonicenses 3:6,14-15).
Estos tipos de instrucciones prohibitivas muestran, por el
contrario, que debemos juntarnos con verdaderos cristianos
que están viviendo vidas santas y que guardan las ordenanzas
de los apóstoles (ver además Mateo 18:15-20; Tito 3:10-11).
MISIONES
Incluso las misiones de discípulos que predicaban
el evangelio revelan la importancia de reunirse con otros
creyentes. Cristo, en esta comisión "limitada" durante Su
ministerio terrenal, envió a los doce "de dos en dos" para
predicar el reino de Dios y el arrepentimiento (Marcos 6:7,
12). Más tarde, designó a otros setenta y "los envió de
dos en dos delante de Él" (Lucas 10:1). La "Gran
Comisión" (Mateo 28:18-20) fue algo distinto porque estaba
dirigido a todos sus seguidores y no sólo a
algunos de sus discípulos. No se especificó ir de dos.
Sin embargo, según investigamos la manera
en que se llevó a cabo la comisión, observamos que los apóstoles
y otros sí tenían compañía. Muchas veces los discípulos iban
en pareja (cf. Hechos 3:1; 8:14; 11:25-26; 15:39-40; 17:10;
18:5; 19:22); algunas veces, de tres (cf. Hechos 13:2-5;
16:3; 1 Corintios 16:17); y otras, en mayor número (cf. Hechos
10:23; 11:12; 20:4). Desde luego no podemos pasar por alto
el hecho que algunas veces encontramos ejemplos de personas
solas que también viajaban y predicaban (cf. Hechos 8:26-27;
9:26,30,32; 11:22; 15:2; 17:14; 18:27; 20:13; Filipenses
2:19, 25). Debemos concluir que los viajes de los primeros
discípulos para predicar y enseñar involucraban, generalmente,
a dos o más personas; y en algunos casos, por una u otra
razón, una persona viajaba y predicaba sola.
EL CUERPO DE CRISTO
El Cuerpo de Cristo es otro concepto que revela
la importancia de congregarse con verdaderos creyentes. Pablo,
en varios contextos, habla de la íntima relación que debe
existir entre los hermanos y hermanas en Cristo dentro del "cuerpo" espiritual
de creyentes, cuya cabeza es Cristo. (cf. Efesios 1:22-23;
4:15-16; Colosenses 1:18,24; 2:19). Observe esta declaración: "Nosotros,
siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros
los unos de los otros" (Romanos 12.5).
1 Corintios ofrece el tratado más extenso
sobre este tema. Aquí Pablo escribe: "Porque así como el
cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros
del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también
Cristo" (1 Corintios 12:12). Prosigue diciendo: "Ahora bien,
Dios ha colocado a cada uno de los miembros en el cuerpo
según le agradó" (v. 18). Cada persona es un "miembro" específico
del "cuerpo" y cada uno tiene un propósito que cumplir. Aquel
que se separa y se encuentra cómodo en esa situación, está negando
la verdad que el apóstol describe en estos pasajes.
PUNTOS
ESENCIALES DE UNIDAD
Una cosa es señalar el énfasis que la Biblia
pone en la unidad, cercanía y mutualidad; y otra, aplicarla
a la realidad. Con esto no queremos decir en lo absoluto,
que todos aquellos que salieron de denominaciones apóstatas
o iglesias mundanas deberían estar juntos. Las personas han
dejado sus afiliaciones religiosas pasadas por muchas razones
diferentes, y no todas estas razones son buenas. Lo que Dios
desea para sus amados hijos, que están decididos a seguirle
con todo el corazón, es que se reúnan en una íntima comunión
que guarde armonía con su propia voluntad.
Hablemos sobre esto por un momento. Cualquier "reunión" debe
estar basada en la Biblia la cual es la misma
mente y voluntad de Dios. Apartados de ella, simplemente
veremos una organización religiosa, aun si dicha asociación
es independiente y no institucional. La Palabra escrita de
Dios es, definitivamente, fundamental: "Toda Escritura es
inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para
corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre
de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra" (2 Timoteo
3:16-17). Así como el hombre de Dios está "equipado", también
la comunidad de Dios está "equipada para toda buena obra" por
medio de la Biblia. Pablo declaró que debemos no sólo aceptar
las Escrituras hebreas (el Antiguo Testamento), sino también
recibir las palabras de los apóstoles. Él escribió: "Por
esto también nosotros sin cesar damos gracias a Dios de que
cuando recibisteis de nosotros la palabra del mensaje de
Dios, la aceptasteis no como la palabra de
hombres, sino como lo que realmente es, la palabra de Dios,
la cual también hace su obra en vosotros los que creéis" (1
Tesalonicenses 2.13; cf. 1 Corintios 14:37). La Palabra de
Dios actúa en el pueblo de Dios. Humildemente debemos rendirnos
a "las sanas palabras, las de nuestro Señor Jesucristo, y
a la doctrina que es conforme a la piedad" (1 Timoteo
6:3; cf. Mateo 28:20; Juan 17:8,20; Hechos 2:42).
Deberíamos ser capaces de ver que los verdaderos
cristianos sólo pueden juntarse si es que desean creer y
someterse a la Palabra escrita de Dios. Todos los miembros
del cuerpo deben anhelar dejar de lado sus tradiciones eclesiales
y humanas que pueden "invalidar" o "anular" la Palabra de
Dios (Marcos 7:13; cf. vv. 7,8,9). Ellos deben abandonar "la
tradición de los hombres" (Colosenses 2:8) y regresar a las
enseñanzas y tradiciones de los apóstoles (2 Tesalonicenses
2:15; 3:6). No deben depender de sus propias teologías, razonamientos,
ideas, sueños, visiones o sentimientos subjetivos que ocasionarían
un conflicto con la sólida y firme Palabra de Dios que nunca
pasará (cf. Jeremías 23:16, 21-32; Proverbios 3:5-6; Mateo
24:35). Las palabras del Señor Jesucristo (Mateo 7:24-27)
y de sus apóstoles y profetas (Lucas 10:16; Juan 13:20; Efesios
2:20) proveen el fundamento sólido para la comunidad de Cristo.
Veamos más detalladamente algunos de los puntos
en común que los verdaderamente salvos deben
poseer si se reúnen en una congregación unida basada
en el amor para la gloria de Dios.
LA BASE PARA CREER
Es lógico que la comunidad creyente debe,
unánimemente, ¡creer en Alguien y en algo!
La idea de que las personas puedan reunirse y congregarse
en Cristo sin preocuparse por el fundamento de fe, no tiene
sentido, es ilógico y, además no es bíblico. Se puede hablar
mucho sobre la fe salvadora según se describe en las Escrituras.
En determinados sucesos debemos tener una fe "histórica" o "mental".
Además, debemos confiar y descansar en
Jesucristo como el que llevó nuestros pecados y se ofreció para
librarnos de ellos. También debemos rendirnos humildemente
a Cristo en absoluta sumisión a Su Señorío. Veamos el contenido esencial
u objeto de la fe salvadora:
-
Hay un solo Dios, el Padre (1 Corintios 8:6).
-
Dios es uno (Marcos 12:29; Santiago 2:19).
-
Este Dios es Creador y ha hecho todas
las cosas, contrario a las teorías de la evolución
(Hechos 17:24-31; 4:24).
-
Dios amó al mundo y envió a Su único
Hijo (Juan 3:16).
-
Jesús es el Ungido (Cristo, Mesías),
el Hijo del Dios Viviente (Mateo 16:16; Juan 20:30-31;
1 Juan 5:1, 5).
-
Jesús es el Señor (Romanos 10:9) y
Salvador (1 Juan 4:14).
-
Jesús fue concebido y nació de una
virgen (Mateo 1:23).
-
Jesús vivió una vida sin pecado (1
Juan 3:3, 5, 7).
-
Jesús murió por nuestros pecados (1
Pedro 2:24; 3:18).
-
Jesús fue resucitado de los muertos
(1 Corintios 15:1-4).
-
Jesús ascendió a Dios el Padre y regresará para
juzgar al mundo (Hechos 2:33-35; 17:31).
-
Jesús es el único camino de salvación
del pecado, muerte y castigo eterno (Juan 14:6; Hechos
4:12; 1 Timoteo 2:5).
Desde luego sabemos que somos salvos "por gracia… por
medio de la fe" (Efesios 2.8), pero es vital
para nosotros saber exactamente lo que debemos
creer a fin de ser salvos de esta manera. La iglesia tiene
el fundamento adecuado cuando los miembros del cuerpo tienen
esta fe completa, sólida, plena y salvadora en Dios por medio
del Señor Jesucristo. Fuera de esto, no hay salvación. Toda
la comunidad de creyentes, como un todo, debe abrazar este
tipo de fe, ya que sabemos que no hay salvación para la persona
sin esa fe bíblica y bien fundada.
LA GRAN COMISIÓN
Es evidente que muchos no se dan cuenta de
la profunda importancia de los mandamientos que nuestro Señor
dio a sus seguidores antes de partir de este mundo para sentarse
a la diestra del Padre que está en los cielos. En realidad,
algunos desechan Sus instrucciones, tomándolas como relevantes
sólo para el primer siglo. En la mayoría de los casos, la
gente simplemente reconoce que Jesús dijo estas palabras,
pero no las toma con la debida seriedad que se merecen.
Es imposible hacer justicia a todo lo que
Jesús dijo en ese tiempo. Citemos simplemente sus palabras
y hagamos varias observaciones.
Mateo 28:18-20
En la primera versión registrada de la "comisión," el
Señor Jesús dijo: "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo
y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las
naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que
os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los
días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28:18-20). Examine nuevamente
con cuidado la declaración inspirada de Cristo. Podemos extraer
varios puntos de sus palabras:
-
Las palabras de Cristo están basadas
en Su autoridad universal (v. 18).
-
Se tiene que hacer seguidores o "discípulos" de
todas las naciones (v. 19).
-
Tienen que ser bautizados "en el nombre" (es decir, en
una relación con o en posesión) del Padre, Hijo y Espíritu
Santo (v. 19).
-
En realidad, tienen que ser "sumergidos" en esta relación
(el griego baptizo significa inmersión,
zambullirse, hundirse, sumergirse, sumir, inundar).
-
Se tiene que enseñar a estos discípulos que han sido
inmersos a obedecer todo lo que Jesús ordenó (v. 20).
-
A medida que obedezcan Sus instrucciones
en la comisión,
Cristo promete Su presencia hasta el fin del mundo
(v. 20).
¿De da cuenta cuán absolutamente importante
es este pasaje para la comunidad de los santos?
Marcos 16:15-16
Ahora observe el siguiente versículo acerca
de la comisión de Cristo para sus seguidores: "Id por todo
el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que
crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado" (Marcos
16:15-16). Podemos aprender diversos puntos a partir de estas
palabras:
-
El evangelio tiene que ser predicado a todas las personas
(v. 15).
-
El que creyere en el evangelio (las
buenas nuevas) de Cristo y fuere bautizado (sumergido), "será salvo" (v.
16).
-
El que rechaza creer, será condenado
(v. 16).
Debemos dar especial atención a estos aspectos
de la comisión, pues una comunidad de santos debe reconocerlos
como verdades básicas de Cristo Jesús el Señor.
Lucas 24:46-47
La versión de la comisión en Lucas añade más
información: "Así está escrito, que el Cristo padeciera y
resucitara de entre los muertos al tercer día; y que en su
nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de
los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén" (Lucas
24:46-47). Considere los diversos hechos de este pasaje:
-
El evangelio de Cristo es anunciado
(su sufrimiento y resurrección de los muertos) (v. 46).
-
Todas las naciones necesitan arrepentirse de sus pecados
(v. 47).
-
Este arrepentimiento traerá el perdón
de pecados (v. 47).
Debido a que esta comisión del Señor es ligeramente
distinta de las anteriores, añade información valiosa de
manera que podamos conocer la voluntad completa del
Señor resucitado.
El Día del Pentecostés
(Hechos 2)
Ahora tenemos que hacer las preguntas vitales: "¿Entendieron
los apóstoles las palabras de Cristo al igual que nosotros? ¿Cumplieron
esta comisión muy cuidadosamente?" El Día del Pentecostés
es el gran momento de "prueba" porque es cuando, por primera
vez, se da el Espíritu Santo y se proclama el evangelio en
toda su plenitud. Lea por sí mismo el pasaje completo (vv.
1-41). Preste especial atención a esta parte:
Conclusión: "Sepa,
pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús
a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y
Cristo" (v. 36).
Pregunta: "Al
oír esto, compungidos de corazón, dijeron a Pedro
y a los demás apóstoles: Hermanos, ¿qué haremos?" (v. 37).
Respuesta: "Pedro
les dijo: Arrepentíos y sed bautizados cada uno de
vosotros en el nombre de Jesucristo . . ." (v. 38).
Propósito: "…para
perdón de vuestros pecados;"
Promesa: "y
recibiréis el don del Espíritu Santo" (v. 38).
Alcance: "Porque
la promesa es para vosotros y para vuestros hijos
y para todos los que están lejos, para tantos como
el Señor nuestro Dios llame" (v. 39).
Llamado: "Y
con muchas otras palabras testificaba solemnemente y les
exhortaba diciendo: Sed salvos [sálvense ustedes mismos] de esta perversa generación" (v. 40).
Respuesta: "Así que,
los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron
aquel día como tres mil personas" (v. 41).
¿Los procedimientos del Día del Pentecostés
concuerdan con las instrucciones precisas del Señor en su
Gran Comisión? ¡Por supuesto! Hagamos un resumen:
-
El evangelio de Cristo fue proclamado (vv. 22-36).
-
Pedro instó a los oyentes pecadores
a que se arrepintieran de sus pecados (v. 38).
-
Les dijo que debían arrepentirse y bautizarse en el nombre
de Jesucristo para el perdón de esos pecados (v. 38).
-
Menciona que Dios daría, a quienes respondieran de tal
manera, "el don del Espíritu Santo" (v. 38).
-
Esta promesa está al alcance de todas
las personas (v. 39).
-
Invoca a los oyentes a salvarse del destino que les espera
a quienes permanecen en sus pecados (v. 40).
-
Aquellos que respondieron favorablemente a las palabras
de Pedro, fueron bautizados de inmediato en agua (v. 41).
-
Quienes recibieron la palabra de salvación (v. 41), creyeron
en Cristo (v. 44), se arrepintieron de sus pecados (v.
38) y fueron bautizados (vv. 38, 41), llegaron a congregarse
entre ellos y con los apóstoles (v. 41).
No hemos revisado los otros pasajes adicionales
que pondrían en claro el mensaje predicado por los primeros
discípulos, y la respuesta de quienes deseaban ser salvos
y perdonados; sin embargo, hay muchos de ellos (cf. Hechos
3:19,26; 8:12-13, 35-39; 10:42, 47-48; 11:8; 16:13-15, 30-34;
17:30-31; 18:8; 19:1-6; 20:21; 22:16; 26:18-20).
Concluimos diciendo que cuando Cristo (la
Cabeza) forma a Su pueblo (el cuerpo), Él trabaja según lo
que ya ha revelado en las Escrituras. Cuando Dios el Padre
crea a Su familia, Él lo hace en armonía con lo que ha revelado
en Su Palabra escrita. Hoy en día, quienquiera que desee "salir" de
su formación religiosa, debería pensarlo bien y con cuidado
según estas verdades.
LA MISMA FUENTE
DE AUTORIDAD
Todos los creyentes en Cristo o miembros del
cuerpo, deben tener la misma fuente fundamental de
autoridad. En el mundo religioso, a las personas
les gusta ver diversas fuentes que sólo terminan en confusión,
falsa ilusión y división. Observe algunas de ellas:
(1) Experiencias Subjetivas. Muchas personas creen que
han tenido algún tipo de experiencia: sueño, visión, aparición
o la misma conversión; y luego confían en esto para su salvación
o lo toman como prueba de la verdad.
(2) Intuición o
Sentimientos Personales. Mucha gente
está convencida que algo debe ser verdadero porque
siente algo bueno, religioso o "espiritual."
(3) "Premoniciones", "Impresiones", "Voces", "Palabras" y "Liderazgos" Internos. Algunas
personas devotas están completamente dominadas por estas
percepciones subjetivas y dependen de ellas como su base
para tomar decisiones y probar la verdad.
(4) Tradición Religiosa. Muchos religiosos dan énfasis
a tradiciones humanas que han sido santificadas por siglos
de lealtad. La creencia y enseñanza de los ancestros y padres
fundadores se convierte en la consideración principal.
(5) Credos, Confesiones,
Declaraciones, Normas Eclesiales y Disciplinas. Estos
documentos surgen de hombres falibles, por lo tanto
no pueden conducirnos de manera infalible a la verdad.
(6) Un Líder Religioso: "Papa", Pastor, Profeta, Predicador, Sacerdote,
Obispo, Presidente. Estos hombres se
equivocan y, usualmente, son falsos en sus opiniones
y pronunciamientos, así que no se puede confiar en
ellos como fuente de verdad final.
(7) Convenciones,
Conferencias, Consejos Religiosos. Dichos
grupos de hombres falibles que se sientan en las sesiones,
se han equivocado y han sido motivados por fines nada
honorables; es por esto que sus pronunciamientos no
pueden llevar la máxima autoridad.
(8) La "Iglesia". Por lo general, quienes dicen
que uno debe estar sujeto a la "autoridad de la iglesia",
realmente no se refieren a la iglesia (las personas en conjunto);
sino, al liderazgo que ejerce control y autoridad sobre la
iglesia por derecho de cargo (sea el llamado "Papa", los
obispos, el sacerdote o cualquier otro líder eclesial).
(9) Padres, Familia
u otro Miembro de la Familia. Los
miembros de la familia pueden desear sencillamente
perpetuar una falsa doctrina o afiliación religiosa;
por lo tanto, no se puede depender de su verdad.
Todos ellos pueden errar y en efecto han errado
en el pasado. Uno puede sentir que es salvo, pensar que
es salvo y asumir que es salvo, sin embargo ¡seguir
perdido todo ese tiempo! Recuerde: "Más engañoso que todo,
es el corazón" (Jeremías 17:9). Uno puede experimentar la
felicidad y paz, pero su corazón puede no haber cambiado
y seguir endurecido a la verdad. Uno puede dar muestras de "fruto",
pero aún este puede ser engañoso para los que observan. En
todas estas circunstancias, debemos tener una desconfianza decisiva
en nuestros sentimientos, experiencias, percepciones y opiniones. "Hay
camino que al hombre le parece derecho, pero al final,
es camino de muerte" (Proverbios 14:12). Entonces ¿Cuál es
nuestra autoridad final?
- Cristo tiene toda la autoridad. "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra" (Mateo
28:18: cf. Efesios 1:20-22; Colosenses 1:17-18; Filipenses
2:9-11).
- La Palabra de Dios y de Cristo
tiene toda la autoridad. "La palabra
que he hablado, ella le juzgará en el día postrero" (Juan
12:48).
La comunidad de santos debe reconocer que
Dios el Padre y Cristo Jesús el Señor son la autoridad final.
Es verdadero todo lo que ha sido revelado por Dios. Debemos
obedecer todo lo que Jesús nos ordenó. Debemos creer todo
lo que las Escrituras afirman. Debemos someternos y obedecer
todos los mandamientos de la Palabra de Dios.
Cuando todos los miembros del cuerpo rechacen
ser engañados por fuentes de autoridad falsas o sustitutas,
podrán tener la dirección adecuada. Cuando toda la iglesia
se entregue completamente a la autoridad de Dios, los creyentes
podrán trabajar en armonía el uno con el otro. Cuando miren
la voluntad de Dios en todo lo que hagan, cuando busquen
las palabras de Dios para ser dirigidos, cuando estudien
diligentemente las Escrituras; entonces, tendrán la autoridad
que ellos necesitan en la vida.
EL FUNDAMENTO
SÓLIDO
Se confía en la construcción si se confía
en el fundamento. Si éste es débil o mal hecho, el edificio
mismo puede colapsar. Al buscar en las Escrituras, observamos
que la figura de una construcción es usada varias veces y,
en cada caso, podemos aprender algo sobre la comunidad de
Cristo.
Primero, la comunidad está construida sobre
la verdad que Jesús es el Cristo (Ungido), el Hijo de Dios.
Pedro confesó "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente" (Mateo
16:16). Jesús respondió "Bienaventurado eres, Simón, hijo
de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre sino mi
Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres
Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia" (vv. 17-18).
Del mismo modo en que un carpintero construye su casa sobre
una base sólida, también nuestro Señor está diciendo aquí que Él
construiría su asamblea o congregación de seguidores sobre
una "roca" sólida. El griego para "roca" es petra,
que significa "una masa de roca," una fundación sólida de
roca. Algunos tienden a decir que Jesús construyó su cuerpo
de seguidores sobre Pedro; sin embargo "Pedro" viene del
griego petros, que significa piedra o fragmento
de roca (W. E. Vine, Expository Dictionary of New Testament
Words [Diccionario Expositivo Sobre Palabras del Nuevo Testamento]).
Por lo tanto, probablemente Jesús está dando a entender que Él
construiría su cuerpo de discípulos en la "roca" sólida que
era Él mismo y en la confesión de Pedro de que Él era el
Hijo de Dios (v. 16).
Segundo, Pablo cita el hecho de que él era "un
sabio arquitecto" que puso el "fundamento" en Corinto cuando
predicó por primera vez el evangelio en aquella ciudad (1
Corintios 3:10). Él continúa diciendo "Nadie puede poner
otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo" (v.
11). Así como Cristo Jesús fue el fundamento del "edificio
de Dios" que Pablo comenzaría (v. 9), cualquier comunidad
de creyentes que hoy se inicie, debe estar fundada sobre
Jesucristo, el Señor y Salvador.
Tercero, Pablo escribe a los Efesios y compara al pueblo
del Señor con los miembros "de la familia de Dios" (2:19).
Prosigue diciendo "edificados sobre el fundamento de los
apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra
angular" (v. 20). Los profetas y apóstoles del Nuevo Testamento
(cf. 3:5; 4:11) eran el "fundamento" porque comunicaban la
voluntad autoritaria e infalible de Dios a Su pueblo. Nosotros,
también, debemos tener el mismo fundamento si vamos a formar
parte de la casa o familia de Dios.
Cuarto, Jesús añade a lo anterior, dándonos la parábola
de los constructores (Mateo 7:24-27). Él hace referencia
al "hombre sabio" que "edificó su casa sobre la roca" (v.
24). Este representa al hombre que oye (o lee) las Palabras
de Cristo y actúa en base a ellas. Lo que es cierto para
el personaje en la historia narrada por Cristo, es cierto
para la comunidad de santos. Debemos oír, leer, recibir,
creer, obedecer y enseñar Sus palabras si queremos ser edificados
sobre la roca sólida de Su Palabra.
Los fieles discípulos deben tener cuidado
de edificar con sabiduría y según el plan de Dios. Deben
estar seguros que Cristo mismo, la verdad de Su identidad,
la revelación de los mensajeros de Dios y las palabras de
Cristo, constituyen el fundamento sobre el cual todo lo demás
descansará. Hoy en día, algunos están edificando basándose
en evangelistas populares, tradiciones eclesiásticas y líderes
de iglesia; otros fundan su vida congregacional sobre revelaciones
extra bíblicas, sueños, voces, visiones y sentimientos subjetivos.
No intentemos hacer una comunidad de santos sobre este tipo
de base defectuosa.
LOS SIETE PILARES
DE LA UNIDAD
Cuando Pablo escribe a los Efesios, los exhorta
diciéndoles: "esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu
en el vínculo de la paz" (Efesios 4:3). Luego procede a enumerar
las siete verdades que todos los creyentes de Efeso abrazaron
y pudieron afirmar. Tal vez menciona siete porque comúnmente
se considera que este número representa lo completo. Ya que
estos puntos están estrechamente ligados a la unidad del
Espíritu (una unidad producida por el Espíritu Santo), con
mucha seguridad podemos decir que, hoy, una comunidad de
verdaderos creyentes puede, de manera conjunta, basarse en
estas mismas verdades. Note los siete puntos que Pablo menciona
en esta sección (vv. 4-6):
-
"Un cuerpo"—Sólo hay un cuerpo de Cristo,
formado por aquellos que "por un mismo Espíritu ... [fueron]
bautizados en un solo cuerpo" (1 Corintios 12:13). El cuerpo
significa el pueblo de Dios, la familia de Dios, la iglesia
o comunidad de Cristo (Efesios 1:22-23; 5:23,25; Romanos
16:16). Definitivamente esta verdad censuraría a los que
promueven y se regocijan en organizaciones, sectarismos
y denominaciones extra bíblicas.
- "Un Espíritu"—El Espíritu Santo
es otorgado a quienes creen en Cristo Jesús (Gálatas 3:14;
Efesios 1:13-14). La Escritura también señala que Dios
da el Espíritu a los que le obedecen (Hechos 5:32) y se
vuelven a Él en arrepentimiento y bautismo (Hechos 2:38;
Gálatas 3:26-27 con 4:6). El Espíritu de Dios produce fruto
(Gálatas 5:22-23) y da a los creyentes fortaleza y
poder para vencer el pecado y vivir en santidad (Romanos
8:13;
Efesios 3:16).
- "Una esperanza"—Ellos fueron "llamados
en una esperanza de [su] vocación". El cristiano anhela
el Reino de Dios (2 Pedro 1:11; Mateo 25:31-34), las "moradas" que
Jesús ha ido a preparar (Juan 14:1-3) y una herencia celestial
(1 Pedro 1:3-4). Todo está centrado en Jesús mismo, "Cristo
en vosotros, la esperanza de la gloria" (Colosenses 1:27).
Tenemos una "esperanza bienaventurada" de su manifestación
gloriosa (Tito 2:13). ¡Cada cristiano tendrá un gran
consuelo en dicha esperanza para el futuro!
-
"Un Señor"—Los verdaderos creyentes han
recibido a Jesús como Señor al momento de su conversión
y siguen sometiéndose a Él como Señor a lo largo de sus
vidas. Pablo dijo que si uno "confesare" con su boca que
Jesús es el Señor, y creyere en su corazón que Dios le
levantó de los muertos, será salvo (Romanos 10:9-10). Pero
el hecho de rendirse a Su Señorío debe continuar toda la
vida: "Por tanto, de la manera que recibisteis a Cristo
Jesús el Señor, así andad en El" (Colosenses 2:6).
Se debe ver el reconocimiento de Su Señorío en sumisión
real y obediencia práctica de Su voluntad. Jesús hizo una
pregunta directa: "¿Por qué me llamáis ‘Señor, Señor’ y
no hacéis lo que yo digo?" (Lucas 6:46).
- "Una fe"—Todos los verdaderos creyentes
son leales a la misma "fe". Evidentemente este es el uso
objetivo del término que hace referencia al objeto de la
fe salvadora o al conjunto de verdades al que nuestra fe
personal responde. Habla del evangelio de Jesucristo (1
Corintios 15:1-4), de la gracia de Dios (Hechos 20:24)
y del reino (Hechos 28:31). Debemos "contender ardientemente" por
estas verdades (Judas 3) y seguir en la fe si esperamos
presentarnos aceptables delante del Señor (Colosenses
1:22-23).
- "Un bautismo"—El singular acto de bautismo
(inmersión) tiene lugar al inicio de la vida cristiana,
según lo hemos descubierto en el estudio de la Gran Comisión
(Mateo 28:19; Marcos 16:16), en los ejemplos del libro
de los Hechos (2:38-41; 8:12, 36-39; 10:47-48; 16:14-15,
33-34; 18:8; 19:5; 22:16) y en la explicación de las cartas
del Nuevo Testamento (Romanos 6:3-4; Gálatas 3:26-27; Colosenses
2:11-13; 1 Pedro 3:20-21). Existen dos aspectos en este
acto: el espiritual (el Espíritu Santo—Hechos 2:38-39;
Gálatas 3:26-27; 4:6; Hechos 19:1-6) y el material (el
agua—Hechos 8:36-39; 10:47-48; cf. Efesios 5:26?; Juan
3:5?). Como los otros elementos, el bautismo es una experiencia
que todos los de Efeso tenían en común.
- "Un Dios y Padre"—Obviamente, esta es
una verdad que cada cristiano de Efeso tomó para sí. Es
fundamental para las demás verdades esenciales de la Escritura.
Una y otra vez leemos que hay un solo Dios verdadero (1
Corintios 8:6; 1 Timoteo 1:17; 2:5; 6:15) y que, a la vez,
es Padre del Señor Jesucristo (1 Juan 1:3) y Padre de Sus
hijos e hijas espirituales (1 Juan 3:1-2; 2 Corintios 6:18).
Los verdaderos cristianos tienen la certeza que son hijos
de Dios y que esta relación trae bendiciones y seguridad
espiritual (Romanos 8:14-17).
La fiel comunidad de Cristo debe entender,
creer, obedecer y enseñar estas siete verdades básicas. Ellas
son esenciales y no negociables. A pesar que la lista ciertamente
está incompleta, podemos ver cuán vitales son estos hechos.
LA ENSEÑANZA BÁSICA
Una lista similar a la anterior se encuentra
en Hebreos 6:1-2. El escritor inspirado dice, "Por tanto,
dejando las enseñanzas elementales acerca de Cristo, avancemos
hacia la madurez, no echando otra vez el fundamento de …" (v.
1). Él continúa con una lista de seis puntos "básicos" que
conforman el "fundamento" o enseñanza elemental de Cristo.
Presume que sus lectores habrían aprendido o experimentado
estas bases al inicio de su vida cristiana. Veamos los que
menciona:
-
"Arrepentimiento de obras muertas" (v.
1). Para
ser perdonadas, las personas necesitaban arrepentirse
de hechos pecaminosos que llevan a la muerte. Si
no había
un cambio interno del corazón, ellos morirían en sus pecados
y estarían perdidos (Romanos 6:21-23; Juan 8:24).
-
"Fe en Dios" (v. 1). A
fin de ser salvos, también tenían que ejercitar una viva fe en Dios. Claramente,
esto incluiría una fe en el Señor Jesucristo como el
Hijo de Dios y Salvador del pecado (Juan 5:24; 14:1;
1 Pedro
1:21).
-
"Lavamientos" (v. 2). El
término es baptismon (Griego, baptismon, b a p t i s m o n ) de baptismos,
es decir "bautismos." Esto podría referirse a la necesidad
de diferenciar el bautismo (inmersión) en Cristo del bautismo
de Juan, del bautismo prosélito judío y, más aún, de los "bautismos" paganos.
Si aplicamos esto a nuestro contexto contemporáneo puede
ayudarnos a mostrar la diferencia entre el bautismo cristiano
y otros bautismos denominacionales.
-
"Imposición de las manos" (v.
2). Tal
vez esta sea una referencia al otorgamiento del Espíritu
o de dones espirituales (Hechos 8:17; 19:5-6; 9:12-17),
que busca la bendición para predicar (Hechos 13:3), escoger
un cargo en la iglesia (Hechos 6:6) o como medio para
sanar (Marcos 16:18; Hechos 28:2).
-
"Resurrección de los muertos" (v.
2). Tenemos
conocimiento que la resurrección de Cristo es central en
el mensaje del evangelio (1 Corintios 15:4; cf. vv. 1-20;
Romanos 10:9; 14:9). Sin embargo, se debe considerar no
sólo la resurrección de Cristo, sino también la de los
creyentes (1 Tesalonicenses 4:16; 1 Corintios 15:22-23,
35-58) y de todas las personas en general (Juan 5:28-29).
-
"Juicio eterno" (v. 2). Los
creyentes deben comprender algo del juicio de Dios sobre
aquellos
que están en pecado. Deberíamos estar completamente convencidos
de su justa ira contra el pecador (Romanos 1:18), del fuego
eterno que le espera (Mateo 25:41) y del castigo eterno
que será su destino (Mateo 25:36).
Estos son el tipo de verdades y experiencias
que conforman las "enseñanzas elementales de Cristo". Por
lo tanto, deberían ser tomados por quienes iniciarán una
vida en Su cuerpo.
¿CÓMO
EMPEZAMOS?
Usted puede decir, "Lo que he leído tiene
sentido. Estoy convencido que es bíblico y representa la
voluntad de Dios, pero ¿cómo empezamos?" Esta es una pregunta
razonable en vista de lo que hemos aprendido hasta el momento.
Brevemente veamos una lista de puntos que debería considerar
cuidadosamente y aplicarla a fin de cumplir el plan de Dios.
-
Asegúrese de entender lo que
hemos discutido en la primera parte de este folleto.
Regrese y vuelva a leerlo si le es necesario,
para entenderlo con mayor claridad. Busque y lea los pasaje
bíblicos. Usted debe ver el ideal de Dios y tener la motivación
para seguirlo.
- Ore por mayor guía espiritual.
No hay mucha esperanza para el que está contento
con su limitado conocimiento actual. Esté deseoso por orar
ferviente y honestamente por que Dios le dé más luz espiritual
tanto respecto a su propia situación, como a cualquier grupo
al que pertenece actualmente. El salmista oró: "Abre mis
ojos, para que vea las maravillas de tu ley" (Salmos 119:18).
Y dijo más adelante "La exposición de tus palabras imparte
luz" (v. 130). Busque la guía de Dios en cada aspecto importante
de su vida.
- Asegúrese de su propia salvación.
Se hace evidente que usted no puede involucrarse
con una comunidad de creyentes de acuerdo a la Biblia a menos
que esté completamente convencido de su propia salvación.
Sabemos que la mayor parte de gente religiosa,
de miembros de iglesia e incluso de cristianos profesos,
no han sido genuinamente salvados. "Muchos son llamados,
pero pocos son escogidos" (Mateo 22:14). "Y
alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y El
les dijo: Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque
os digo que muchos tratarán de entrar y no podrán" (Lucas
13:23-24). Los "pocos" salvos se aplica también a gente devota
que ha "salido" de iglesias y denominaciones establecidas
en busca de un mejor camino. Jesús dijo claramente: "Entrad
por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia
es la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que
entran por ella. Porque estrecha es la puerta y angosta la
senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan" (Mateo
7:13-14).
Jesús continuó diciendo que aunque muchos llaman
a Jesús "Señor," sólo pocos son los que desean,
humildemente y de todo corazón, hacer la voluntad de Dios
que está en los cielos (Mateo 7:21-23).
Por tanto, debería pensar en su pasado y en lo que usted
creyó que era su "conversión, "experiencia de salvación" o "experiencia
de nacer de nuevo" (las personas emplean diferentes términos).
Compárelo con todo lo que Dios dice en Su Palabra sobre el
perdón de pecados. ¿Verdaderamente creyó en Jesús? ¿Confió en
su muerte salvadora en la cruz? ¿Dejó de confiar en su propia
bondad y religión? ¿Tuvo un sincero arrepentimiento de sus
pecados y se apartó de lo malo? ¿Confesó a Jesús como Señor
y propósito para vivir en obediencia a Él? ¿Se bautizó (mediante
la inmersión) en una relación viva con el Padre, el Hijo
y el Espíritu Santo? ¿Invocó al Señor para que le dé Su salvación?
Preguntas como éstas deberían dejar en claro su misma posición
delante de Dios. Si no ha sido verdaderamente salvo en el
pasado, ahora es el momento para que responda personalmente
a Su gracia salvadora. (Por favor, solicite más información
sobre este punto si desea mayor explicación.)
- Asegúrese de la salvación de aquellos con quienes
se reúne y congrega.
Quizás usted no está completamente solo, sino
que tiene algunos amigos cercanos con quienes comparte el
mismo interés espiritual. Así como usted debe preguntarse
sobre su propia relación con Dios, no asuma equivocadamente
que sus queridos amigos y amados con quienes se congrega
son verdaderamente salvos. De la misma manera que usted tuvo
que ser honesto consigo mismo y admitir que pudo haber estado
engañado, también ellos pueden haberse equivocado sobre este
asunto crucial. Ellos pueden ser personas cuidadosas, sacrificadas
y devotas que disfrutan la oración, el canto, la lectura
de la Escritura y hablar de Jesús, pero todavía pueden necesitar
de más luz y salvación genuina (cf. Hechos 10:2-4, 31-34
con 11:14).
Dios honrará y recompensará al grupo de personas
que están seriamente preocupados sobre Su verdad y que anhelan
hacer Su voluntad (cf. Hechos 17:11). Por lo tanto, antes
que prosiga, necesita establecer el tema de su propia salvación
y la de aquellos que están en cercana relación con usted—si
es que existe alguna.
- Si su salvación en el pasado se realizó conforme
a la Biblia, mire entonces honestamente su relación
presente con Dios.
En este ejercicio mire también a su familia
y amigos. ¿Está usted completamente enamorado de Dios (Marcos
12:29-30)? ¿Siente amor por otros que usted considera sus
hermanos y hermanas en Cristo (Juan 14:34-35)? ¿Está siguiendo
la santidad con todo su corazón (Hebreos 12:14)? ¿Está caminando
separadamente del mundo también en las cosas prácticas (Romanos
12:2)? ¿Está viviendo en obediencia a toda la voluntad de
Dios que ahora conoce (1 Juan 2:17)? ¿Está rechazando desobedecer
la Palabra de Dios en cualquier asunto (Lucas 6:46)?
Cuando reflexione cuidadosamente sobre estas
preguntas y ore por ellas, probablemente se dará cuenta que
ha fallado en alguna medida ¡No descarte esta convicción
ni viole su conciencia (1 Timoteo 1:19)! Sino arrepiéntase
del pecado que ve (Apocalipsis 3:19; Hechos 8:22), confiéselo
abiertamente a Dios (1 Juan 1:9) y decídase a abandonarlo
(Proverbios 28:13). Esto es profundamente importante porque
no puede pensar en congregarse con otros hasta que haya establecido
la pregunta de su propia relación sincera con Dios.
-
Llegue a otras personas con la esperanza de reunirse
en Cristo.
Estas personas pueden ser hombres, mujeres
y jóvenes que han dejado su antigua agrupación. Por otro
lado, pueden estar todavía en organizaciones religiosas humanas
y necesitan salir del pecado, compromiso, cosas
mundanas, falsa doctrina y prácticas no bíblicas. Cabe tener
la esperanza de que ellos sean verdaderos "buscadores" de
Dios quien pondrá Su Palabra y Su voluntad antes y por encima
de cualquier otro compromiso en su vida. Aquí hay diversos
puntos que considerar:
-
Considere a todas las personas conocidas
que puedan estar abiertas a reunirse de una manera sincera
y sencilla, libres
de arreglos eclesiásticos y enredos denominacionales. Discuta
con ellos tanto sus preocupaciones como la voluntad de
Dios para Su pueblo. Ayúdeles a prever el deseo de Cristo
por edificar Su comunidad santa en medio de este mundo
malo y oscuro.
-
Esté dispuesto a considerar si es que estos buscadores
sinceros han sido verdaderamente salvos. Hable con ellos
(de manera honesta y cordial) sobre el significado del
evangelio de Cristo. Averigüe si en realidad tuvieron fe
en Cristo en el momento que se consideraron salvos, si
realmente se arrepintieron y renunciaron a su estilo de
vida y a todo tipo de relación pecaminosa. Examine si realmente
fueron bautizados en Cristo, en Su muerte y en el perdón
de Dios, o si tuvieron una concepción denominacional típica
de simplemente testificar al mundo de una asumida conversión
pasada o de sencillamente unirse a una denominación humana
al momento de su "bautismo." (Existen algunos, desde luego,
que equivocadamente presumen que fueron salvos, perdonados
y nacidos de nuevo cuando realizaron una ceremonia infantil
llamada "bautismo.") Pregúnteles si es que realmente nacieron
de Dios en algún momento, o si están totalmente confundidos
con respecto a su supuesta experiencia de nuevo nacimiento.
-
Converse para saber si estos buscadores
están actualmente
caminando en el Señor y en santidad, o si están viviendo
una vida pecaminosa de compromiso con el mundo y con falsas
doctrinas. Si reconocen una carencia en su vida, a pesar
de haber sido verdaderamente salvos anteriormente, ayúdeles
a que se entreguen nuevamente al Señor por medio de un
sincero arrepentimiento, confesión abierta y total repudio
del error.
-
Comparta con ellos la verdad bíblica sobre congregarse
en el cuerpo de Cristo. Hable con ellos sobre el deseo
de Dios de que Su pueblo sea uno, que ellos tendrán pleno
compañerismo el uno con el otro y que se reunirán siempre
que sea posible para la adoración y edificación. Estudie
el ideal bíblico de vida en comunidad íntima, la cual
involucra a hermanos y hermanas en Cristo.
-
Si llega a descubrir que usted y ellos
son salvos, y que viven en obediencia fiel a la voluntad
de Dios, sólo entonces son
uno en Cristo. Si ustedes se conducen correctamente con
Dios y viven cerca, deben reunirse. El pueblo de Dios,
para serle fiel, debe "salir" de asociaciones, grupos
y movimientos religiosos falsos. Pero para ser fieles, ¡también deben "reunirse" en
completo compañerismo, unidad y cercanía! Usted es una
manifestación local del cuerpo de Cristo y todos los miembros
deberían encontrar su lugar únicamente dentro de ese
cuerpo.
-
Recuerde que muchas (la mayor parte)
de las personas que abandonan una congregación, no tienen una relación
correcta con Dios. Es muy fácil que asumamos erróneamente
que por el simple hecho de haberse alejado de sistemas
religiosos comprometedores y falsos, estas personas prueban,
por lo tanto, fidelidad a Dios. ¡De ninguna manera! Ellas
pueden estar tan ligadas a la tradición, ser mundanas,
leales a las falsas doctrinas y prácticas, y probablemente
han comprometido tanto su fe como aquellos que siguen siendo
miembros de grandes sistemas religiosos. Usted tendrá que
descubrir si las personas que usted conoce están seriamente
interesadas en servir a Dios sin ningún tipo de compromiso
con el mundo y en obedecer Su voluntad con todo su corazón.
-
"Donde están dos o tres congregados."
Ahora es el momento de empezar a reunirse. La Escritura
asume que los verdaderos creyentes, que se congregan en el
nombre de Dios y mutuamente, se reunirán con regularidad
(siempre que vivan cerca). No necesita grandes cantidades
para reunirse. Dos o tres darán el inicio. Recuerde que Jesús
prometió "Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy
yo en medio de ellos" (Mateo 18:20). Anhele hacer lo que
pueda a fin de agradar a Dios aunque sus posibilidades sean
limitadas. Busque oportunidades de traer a otros a Jesús
para que sean salvos (1 Corintios 9:22) y comparta con todos
la visión de Su cuerpo.
- Participe de los encuentros de edificación y adoración.
Diversos pasajes nos guían a congregarnos
como una comunidad de Cristo. Observe el énfasis de este
regular "congregarse" o "reunirse" regularmente (cf. 1 Corintios
11:17,18,20,33,34; 14:23,26). La reunión como cuerpo es una
orden y no debe ser dejada de lado: "Considerémonos cómo
estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras; no
dejando de congregarnos, como algunos tienen por
costumbre, sino exhortándonos unos a otros; y mucho más,
al ver que el día se acerca" (Hebreos 10:24-25). Algunos
amigos pueden amonestarle con este pasaje y exhortarle a
asistir al servicio denominacional local para no "dejar de
congregar." Pero recuerde que quien escribió Hebreos tenía
en mente a una iglesia santa, Bíblica, Cristo-céntrica y
piadosa formada por una comunidad verdadera de creyentes
y no cualquier iglesia, ¡definitivamente no era una congregación
denominacional mundana!
En las reuniones bíblicas a las que nos referimos,
todos debían procurar abundar los dones espirituales para
la edificación de la iglesia (1 Corintios 14:12; cf. vv.
3,5,17). De hecho, Pablo declara "Que todo se haga para edificación" (1
Corintios 14:26). El término "edificación" (Griego, o i k o d o m h , oikodome) literalmente
se refiere al "acto de construir" y, figurativamente, es
empleado para la "promoción de crecimiento espiritual" (W.E.
Vine, Diccionario Expositivo Ampliado de las Palabras
del Nuevo Testamento de Vine, pp. 347-348). Por lo
tanto, el propósito primario de los encuentros de los hermanos
y hermanas, debería ser el crecimiento espiritual, la exhortación
y edificación de cada miembro del cuerpo.
Inmediatamente después que la gente se arrepintió de sus
pecados y fue bautizada en el día del Pentecostés (Hechos
2:38, 41), empezaron a congregarse para actividades colectivas: "Y
se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles,
a la comunión, al partimiento del pan y a la oración" (v.
42). Podemos ver cuán ansiosos estaban por relacionarse el
uno con el otro en amor, y cuanto se dedicaban a estos momentos
de su vida en comunión.
- Comparta todos los aspectos de reunirse.
La Palabra de Dios menciona muchos aspectos
diferentes de las reuniones de las primeras comunidades de
Cristo. Lo que sigue ha sido extraído de diversos pasajes:
-
Oraciones públicas (Hechos 2:42; 12:5,12;
13:3; 14:23; 1 Corintios 11:4-5; 1 Timoteo 2:1-2,8; 1 Corintios
14:15-16).
-
Partimiento del pan (La
Cena del Señor)
(Hechos 2:42; 20:7; 1 Corintios 10:16-17, 21; 11:18,
20, 23-26ss.).
-
Enseñanza (Hechos 2:42;
11:26; 15:35; 20:20; Romanos 12:7; Gálatas 6:6; Efesios
4:11-12; 2 Timoteo 2:2).
-
Profecía (Hechos 11:27; 13:2; Romanos
12:6; 1 Corintios 11:4-5; 14:1-4,5,6,22,24-25,26,29-32,39-40;
Efesios 4:11-12; 2:20).
-
Canto (Efesios 5:18-19; Colosenses 3:16;
1 Corintios 14:26).
-
Exhortación (Hechos 4:36; 11:23; 14:22;
15:32; 16:40; Hebreos 10:24-25; Tito 1:9; 1 Tesalonicenses
5:14; 1 Timoteo 4:13).
-
Amonestación (Hechos 20:31; Romanos 15:14;
Colosenses 1:28; 3:16; 1 Tesalonicenses 5:12, 14).
-
Reprobación o reprensión (1 Timoteo 5:20;
Tito 2:15).
-
Exclusión pública (1 Corintios 5:4-5;
cf. vv. 6-13; Mateo 18:17-20; cf. vv. 15-16).
-
Lectura de los Escritos del
Nuevo Testamento, las Cartas de los Apóstoles y las
Escrituras del Antiguo Testamento (Colosenses 4:16; 1 Tesalonicenses
5:27; 1 Timoteo 4:13; cf. Apocalipsis 1:4; Caps. 2-3).
-
Informes de esfuerzos de prédica (Hechos
14:27; 15:3-4; 21:19; 3 Juan 5-6; cf. Hechos 4:23).
-
Informes de asuntos especiales (Hechos
15:30-31; 16:4).
Como verá, nunca faltará elementos edificantes
y útiles en la congregación de los santos.
- Sugerencias útiles en reuniones.
Debe recordar algunas cosas cuando empiece
a reunirse con sencillez y sinceridad. Asegúrese de tomar
en cuenta las indicaciones escriturales y buscar deshacerse
de las tradiciones humanas de su pasado religioso. Debería
considerar las siguientes pautas:
-
En la congregación, prepárese
tanto a dar como a recibir. Los cristianos no son espectadores,
sino participantes. No sólo miran y escuchan,
sino que participan personalmente en la adoración durante
los encuentros y comunión, antes y después de las reuniones.
Pablo explica sobre el crecimiento en Cristo: "De quien todo el
cuerpo, (estando bien ajustado y unido por la cohesión
que las coyunturas proveen) conforme al funcionamiento
adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del
cuerpo para su propia edificación en amor" (Efesios
4:16). Todas las relaciones del "el uno con el otro" que
hemos visto anteriormente, reflejan el aspecto "participativo" en
los encuentros de creyentes.
-
Respete la función asignada
por Dios para cada uno. La Escritura
menciona que los hermanos (varones) son quienes
lideran la oración en público
(1 Timoteo 2:8: andras proviene
del sustantivo a n h r , aner, "masculino," el
cual "se diferencia de una mujer" y "nunca [es] usado
para referirse al sexo femenino," W.E. Vine, Ibíd.,
p. 706). Además, a los hombres (varones) les corresponde
hablar públicamente en las reuniones, porque "es indecoroso
que una mujer hable en la congregación" (1 Corintios
14:25; cf. vv. 33-34; 1 Timoteo 2:11-15). Las mujeres,
por supuesto, pueden cantar con libertad (Efesios 5:19)
y decir al unísono "Amén" (1 Corintios 14:16) en la
iglesia y puede hablar antes y después de las reuniones.
-
Reúnase regularmente y no esporádicamente. Los
santos de Jerusalén se reunían "cada día" (Hechos 2:46)
y estaban "todos unánimes en el pórtico de Salomón" (5:12).
Ellos vieron la necesidad de juntarse con frecuencia. El énfasis
de "reunirse" en la Escritura (1 Corintios 11:17-34), sin
dejar de lado el congregarse (Hebreos 10:24-25), implica
que los creyentes se encontraban con frecuencia para la
adoración y edificación. Mientras más ame a sus hermanos
y hermanas en Cristo, deseará con más alegría estar en
su presencia.
-
Usted no necesita un "templo" para
sus reuniones. Generalmente,
los primeros creyentes se reunían en hogares privados para
congregarse. Por ejemplo, Pablo saluda a Priscila y Aquila
y "a la iglesia de su casa" (Romanos 16:5; cf. 1 Corintios
16:19; Colosenses 4:15). Él también escribe a Filemón y "a
la iglesia que está en [su] casa" (Filemón 2; cf. Romanos
16:14-15, 23). Lucas escribe sobre "la casa de María" donde "muchos
estaban reunidos orando" (Hechos 12:12). Las congregaciones
en los hogares fomentaron la informalidad de sus encuentros
y un sentimiento de cercanía. Más adelante, las reuniones
de hogar les ayudaron a darse cuenta que, en realidad,
eran una "familia" de hermanos y hermanas en lugar de miembros
de una institución religiosa. Incluso, en algunas situaciones,
sería prudente reunirse en otros lugares. A veces, los
primeros creyentes se congregaban en otros centros cuando
era posible (Hechos 2:46; 19:9).
-
Recuerde el sufrimiento y muerte de Cristo. No
olvide que la razón principal de congregarse es recordar
el sufrimiento y muerte del Señor Jesucristo. Ustedes fueron
llamados a estar juntos por medio de la cruz de Cristo
y todos fueron perdonados por Su sangre. Qué mejor, por
lo tanto, que esto fuera una característica central de
sus encuentros. Lucas dijo claramente: "El primer día de
la semana [Domingo], reunidos… para partir el pan" (Hechos
20:7). Se reunieron con el propósito específico de partir
el pan, evidentemente para recordar al Señor con el pan
y la copa (cf. 1 Corintios 10:16-17). Los primeros discípulos
estaban "en comunión unos con otros, en el partimiento
del pan" y otros elementos de adoración (Hechos 2:42).
Pablo sugirió a los Corintios que cuando se "reunieran",
que fuera para "comer la cena del Señor" (1 Corintios 11:20;
cf. vv. 17,18,33,34). Que esto sea el enfoque fundamental
cada semana que se reúna como cuerpo.
-
Cuando se congregue, muestre tierno afecto a cada
persona. La característica de la primera comunidad
creyente fue el amor exteriorizado y la preocupación
por el otro. Lo mismo debería prevalecer hoy. De esta
manera es como lo expresa Pablo: "A fin de que en el
cuerpo no haya división, sino que los miembros tengan
el mismo cuidado unos por otros. Y si un miembro sufre,
todos los miembros sufren con él; y si un miembro es
honrado, todos los miembros se regocijan con él" (1
Corintios 12:25b-26; cf. Romanos 12:15). Considere
la instrucción de Pedro: "Amaos unos a otros entrañablemente,
de corazón puro" (1 Pedro 1:22; cf. 4:8).
-
Evite mostrar preferencia. Que
no se dé honra
a los ricos, ni menosprecio a los pobres. Debemos evitar
una actitud de "favoritismo personal" (Santiago 2:1; cf.
vv. 2-9). Cristo desea cumplir un trabajo de "igualdad" dentro
del cuerpo, a fin de que los extremos de pobreza y riqueza
sean eliminados (cf. 2 Corintios 8:13-15).
-
Se puede permitir que diferentes
hermanos participen públicamente en las congregaciones, según
sus habilidades. En
la primera iglesia, varios asumieron una parte activa
y de voz (cf. 1 Corintios 14:26; cf. vv. 27-40). Esto,
por supuesto, debe ser llevado a cabo juiciosamente,
porque no todos los creyente son "aptos para enseñar" (1
Timoteo 3:2). En realidad, Santiago advierte "Hermanos
míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo
que recibiremos un juicio más severo" (Santiago 3:1).
Sin embargo, Pablo hace énfasis que cada creyente (hombre
o mujer, joven o anciano) puede cumplir un rol activo
en alguna medida, ya sea pública o privada (Romanos
12:3-8; cf. 1 Corintios 12:4-11; 1 Pedro 4:10-11).
-
En la iglesia, todas las cosas
deben ser hechas "decentemente
y con orden" (1 Corintios 14:40). Considerando
que Dios no es un Dios de "confusión, sino de paz" (v.
33), todo lo que acontezca en los encuentros debe ser
llevado de acuerdo a las instrucciones de la palabra
de Dios. Todo lo que no esté en armonía con la Palabra
debería ser eliminado.
-
Planifique observar la organización bíblica
en todo lo que haga.
Hay algunos que erróneamente asumen que no
se puede iniciar un grupo sin la dirección y ayuda "profesional." Ya
que, desde luego, esto va demasiado lejos, debemos reconocer
que la Biblia instruye cómo una comunidad de creyentes debe "establecerse" (Tito
1:5). Primero, es importante comprender que Dios puede formar
y trabajar en un grupo de cristianos antes y sin el
liderazgo local mismo. Recuerde que las iglesias en Antioquía,
Iconio, Listra y Derbe eran comunidades genuinas de cristianos antes que
Pablo y Bernabé designaran ancianos en cada iglesia (Hechos
14:23). Más adelante, hubo comunidades de creyentes en Creta antes que
Tito designara ancianos en cada ciudad (Tito 1:5).
La misma situación puede aplicarse hoy en
día. Cuando unos cuantos santos comiencen a reunirse, puede
que no estén calificados para tomar el cargo de anciano/supervisor.
Además debemos mencionar que las primeras comunidades de
cristianos tenían una pluralidad de ancianos/supervisores
en lugar de uno solo, y esta supervisión plural puede tomar
algún tiempo para desarrollarse (cf. Hechos 11:30; 14:23;
20:17; Filipenses 1:1; 1 Timoteo 4:14; 5:17; Tito 1:5; Santiago
5:14; 1 Pedro 5:1). En realidad, puede llevar años antes
que los hombres estén calificados para esta gran responsabilidad.
Hasta entonces, la comunidad debe confiar que el Señor trabajará en
medio de ellos y los guiará de acuerdo a Su Palabra.
En el Nuevo Testamento se menciona a diversos
funcionarios que tuvieron alguna actividad o liderazgo público
en las iglesias:
-
Supervisores (Griego, episkopos),
también llamados ancianos (Griego, presbuteros)
y pastores (Griego, poimen)
(ver Hechos 20:17 con v. 28; Tito 1:5 con v. 7; 1 Pedro
5:1 con v. 2). Estos eran hombres mayores en edad y madurez,
con esposas e hijos obedientes y creyentes, que supervisaban
la comunidad y pastoreaban al rebaño de Dios. Habían
requisitos estrictos para cumplir este trabajo (1 Timoteo
3.1-7; Tito
1.5-9).
-
Siervos (Griego, diakonos),
eran hombres calificados (1 Timoteo 3:8-13) que trabajaban
con los supervisores (Filipenses 1:1) y, quizá, cuidaron
de las necesidades materiales y físicas de los santos
(Hechos 6:1-6?).
-
Predicadores (o "evangelistas," predicadores
de buenas nuevas, del término griego euangelistes)
(Efesios 4:11), deben haber estado a cargo, particularmente,
de predicar el evangelio, así como de enseñar dentro de
las iglesias locales (1 y 2 Timoteo y Tito describen completa
y ampliamente los muchos deberes para esta posición). Felipe
(Hechos 21:8) y Timoteo (2 Timoteo 4:5) eran predicadores.
También lo era Tito (cf. Tito 2:15).
-
Maestros (Griego, didaskalos)
tenían mucho que ver con la enseñanza en las iglesias,
aunque el supervisor (1 Timoteo 3:2), el predicador (1
Timoteo 4:13) y el apóstol (2 Timoteo 1:11) también tenían
esta responsabilidad. Los maestros comunicaban la Palabra
de Dios a las comunidades y la aplicaban a su situación
de vida determinada (Efesios 4:11; Hechos 13:1).
-
Apóstoles (Griego, apostolos),
eran hombres escogidos y comisionados especialmente.
Estaban "puestos" para
representar a Cristo en forma especial sobre la tierra
(Efesios 4:11; 1 Corintios 12:28). Junto con los profetas,
constituyeron el "fundamento" de la casa de Dios (Efesios
2:20), lo cual lleva a pensar que el ser "apóstol" sólo
fue apropiado para la iglesia del primer siglo. También
se ve un segundo uso del término "apóstol" (cf. Hechos
14:4, 14; 2 Corintios 8:23)—más adecuado sería usar el
término "mensajero"—y simplemente puede referirse a un
individuo determinado "enviado" como "mensajero" para
Cristo o el cuerpo de Cristo.
-
Profetas (Griego, prophetes),
también se encuentran en la primera iglesia (Efesios 4:11;
1 Corintios 12:28; Hechos 13:1). Junto con los apóstoles,
formaban parte del fundamento de la casa de Dios (Efesios
2:20).
Además de los trabajos y funciones descritos
anteriormente, la Biblia menciona que cada creyente, tanto
hermanos como hermanas, tiene un lugar de servicio dentro
del cuerpo y, cada uno, tiene la habilidad de trabajar de
manera única. Cuando una comunidad se inicia con pocos miembros
(dos, tres, o quizá seis o siete), probablemente no habrá diversidad
de talentos o habilidades disponibles como lo habría si fueran
cincuenta santos en una localidad. A pesar de esto, Dios
reconoce a la comunidad como parte del cuerpo de Cristo y
bendice a los miembros con Su poder y presencia.
Es obvio que usted debería evitar perpetuar
los diversos puestos o funciones que no son conforme a la
Biblia. En realidad, toda la idea de "titular de cargo" es
de naturaleza institucional y sectaria. Los cargos denominacionales
como "Presidente," "Superintendente General," "Anciano Dirigente," "Miembro
del Consejo de Administración," "Consejero" (y Consejera), "Co-Pastor," "Ministro
Asociado," "Ministro de Alabanza" y similares, deben ser
rechazados en favor de los puestos descritos en la Biblia
y mencionados anteriormente.
- Simplemente sea parte del cuerpo de Cristo.
Debido a que muchas personas salen de iglesias
y denominaciones
establecidas, puede ser difícil deshacerse de conceptos sectarios y denominacionales,
los cuales forman más parte de la persona de lo que se da
cuenta. El término denominar quiere decir "dar
un nombre a," y muchas personas aunque ya abandonaron su
antigua congregación siguen obsesionadas con la idea de poner
un nombre oficial a su pequeña iglesia de hogar.
Dentro del denominacionalismo, las iglesias
pueden ser nombradas según ciertas doctrinas ("Bautista," "Adventista," "Misionera" y
del "Pacto"), ciertos métodos ("Metodista"), ciertas formas
de "gobierno" ("Episcopal" y "Presbiteriana") y ciertos tipos
de organización ("Congregacional"). Otros se llaman a sí mismos
de acuerdo al fundador o líder religioso pasado ("Luterano," "Wesleyano," "Menonita," "Amish," "Hutterita").
Algunos otros elevan cierto nombre bíblico a un nivel inadecuado
("Iglesia de Dios," "Asambleas de Dios," "Iglesia de Cristo," "Nazareno," "Iglesia
Cristiana"). Otros prefieren el nombre de un apóstol en particular,
o de una figura bíblica ("San Pablo," "San Pedro," "San Juan," "Santa
María," etc.). Hay algunos que, sencillamente, toman una
frase o palabra, ya sea de la Biblia o no, y la convierten
en el "nombre oficial de la iglesia" (incluso hoy en día,
el término "iglesia" tiene un significado diferente al término
griego ekklesia escrito en el Nuevo Testamento).
Existen muchos tros ejemplos de formas en que las personas
buscan auto denominarse por un título o nombre que les identifique
de manera exclusiva.
La Biblia, desde luego, guarda silencio absoluto
sobre este tipo de práctica. Lo más evidente que tenemos
es la manera en que los Corintios se denominaban según Pablo,
Cefas (Pedro) y Apolos (1 Corintios 1:10-13; 3:4). Pablo
llama a esta práctica mundana o carnal (1 Corintios 3:3)
y abiertamente les condena (1 Corintio 1:12-15). Aun la gente
de hoy, incluyendo a los religiosos, sigue haciendo lo que
Pablo no permitió. Usted, como uno que "salió" del mundo
denominacional y sectario, busque dejar atrás la costumbre
de poner "nombre" que era usual en su antigua religión.
A los primeros cristianos se les llamó, sencillamente, "discípulos" (Hechos
9:1), "santos" (9:13), "hermanos" (9:30), "creyentes" (5:14), "cristianos" (11:26)
y los "de este Camino" (9:2). Eran llamados la "comunidad," "iglesia" o "congregación" (Griego, ekklesia,
Gálatas 1:22). También fueron conocidos como "la iglesia
de Dios" (1 Corintios 1:2) y la "iglesia de Cristo" (Romanos
16:16). Figurativamente fueron denominados "templo de Dios" (1
Corintios 3:16), "de la familia de Dios" (Efesios 2:19), "labranza
de Dios" y "edificio de Dios" (1 Corintios 3:9). Sin embargo,
ninguna de estas referencias tuvo la intención de ser un
nombre o títulosectario exclusivo.
Cuando empiecen a reunirse como el cuerpo
de Cristo, alégrense de ser simples cristianos, santos, creyentes,
hermanos y hermanas de la familia de Dios. No estaría mal
referirse a los santos de Huancayo, los creyentes de Lima,
los discípulos de Loreto o los seguidores de Cristo en Arequipa.
Estas referencias no son sectarias ni denominacionales, simplemente
denotan la ubicación donde los creyentes viven o se reúnen.
No sólo debería renunciar a los nombres denominacionales,
sino también a las prácticas eclesiásticas y sectarias tan
frecuentes en nuestro tiempo. Abandone el concepto de "clubes
religiosos" que la iglesia promueve. Aléjese del uso de títulos
religiosos (por ejemplo, Doctor, Pastor, Reverendo, Santo,
Obispo, Hermano, Presidente, etc.). No necesita llevar la
idea de "membresía" oficial en un grupo religioso. "Desaprenda" la
idea de referirse al lugar de encuentro como el "santuario," la "casa
de Dios" o la "iglesia." Busque renunciar a los credos, confesiones,
disciplinas, consejos, convenciones y sínodos eclesiásticos.
Si descubre otras formas en que los conceptos eclesiásticos
y denominacionales han calado su mente, dispóngase a apartarse
de ellos en favor de una práctica y punto de vista más bíblicos.
Mientras más se sature de la Escritura, pensará más en términos
bíblicos.
- Reconozca la cercanía e intimidad que debería haber
dentro del cuerpo de Cristo.
Para muchas personas en nuestra días, algunas
veces es difícil pensar en términos bíblicos debido a que
el pensamiento independiente e individualista han influenciado
sus vidas. Usted tiene que leer la Escritura como nunca antes
a fin de descubrir la cercanía, la intimidad y la "unión" de
la familia espiritual de Dios. Posiblemente por hecho de
ser humanas, las familias físicas ya no son muy unidas; para
muchas personas es difícil ver cuán cercana debería ser la
familia espiritual.
Los escritores bíblicos impulsan a ver la
relación de cercanía entre el
verdadero pueblo de Dios. Observe
nuevamente lo que vimos antes. El pueblo de Dios es:
-
El cuerpo de Cristo, donde cada persona
es un miembro.
-
La familia de Dios, donde cada persona
es un hijo o hija.
-
El rebaño de Cristo, donde cada persona
es una oveja.
-
El templo de Dios, donde cada persona
es una piedra individual.
-
La esposa de Cristo, donde cada persona
es una parte de la esposa.
Incluso si aún no se están reuniendo, deberían
buscar "congregarse" tan seguido como sea posible. El término "congregar" (Griego, koinonia)
significa comunión, fraternidad, asociación, participación
conjunta y compartir mutuo. Esto es lo que Dios quiere de
Su pueblo. Él desea que Sus hijos se hablen, se visiten,
trabajen juntos, prediquen juntos, se cuiden, se ayuden,
lloren juntos y se alegren juntos. Los primeros creyentes
estaban "en las casas" y "Día tras día continuaban unánimes
en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos
con alegría y sencillez de corazón" (Hechos 2:46), se congregaban
en hogares para orar (Hechos 12:12), abrían sus puertas en
hospitalidad (Hechos 16:15; 1 Pedro 4:9). La Biblia dice
que se exhortaban los unos a los otros cada día" (Hebreos
3:13). Los primeros creyentes sabían que eran hermanos y
hermanas, miembros de la misma familia, cada día, ya sea
que estuvieran en reuniones públicas o no. Esta es la forma
que debe ser en nuestros días.
Además, necesita darse cuenta que su relación
con sus hermanos y hermanas es más cercana que con su propia
familia física, si es que no tuvieran unidad con usted en
Cristo. Por supuesto que Jesús se dio cuenta de este hecho.
En una ocasión, mientras enseñaba, Su madre y hermanos físicos
vinieron en busca de Él y querían conversar con Él. Él Extendió Su
mano hacia Sus discípulos y dijo "¡He aquí mi madre y mis
hermanos! Porque cualquiera que hace la voluntad de mi Padre
que está en los cielos, ése es mi hermano, y mi hermana,
y mi madre" (Mateo 12:49-50; cf. Marcos 3:35). La relación
espiritual es más cercana que la física.
El Señor advirtió que cuando uno llegara a
creer en él y deseara seguirle, esta entrega causaría división
en su familia terrenal. A veces la oposición será dura, hasta
el punto del odio y la muerte misma (cf. Mateo 10:34-37;
Marcos 13:12; Lucas 12:51-53; 21:16-17). Aún así, el creyente
debe amar a Jesús (Mateo 10:37) y anhelar apartarse de su
propia familia si fuera necesario (Marcos 10:28-30; Lucas
14:26), a fin de seguir al Señor Jesús. De la misma manera,
el cristiano debe darse cuenta que su relación con sus hermanos
y hermanas en el Señor es más elemental e íntima que sus
relaciones elementales, ya sea con la pareja, el padre, el
hijo, el hermano, la hermana o amigos.
- Espere críticas luego de entregarse al cuerpo de
Cristo.
Ya que la visión de Dios para la comunidad
de santos es radicalmente diferente al mundo de institucionalismo
religioso y eclesial al que la mayoría está acostumbrada,
puede esperar que algunos que se encuentran fuera no lo comprendan.
Ellos pensarán que está llevando demasiado lejos la idea
de comunidad. Por lo tanto, debe contar con que habrá críticas
y malos entendidos. Jesús nos advirtió sobre esto. Él dijo: "Bienaventurados
seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten
de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo,
por causa del Hijo del Hombre" (Lucas 6:22). En otra parte él
añade: "Bienaventurados son cuando por mi causa os vituperen
y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros,
mintiendo. Gozaos y alegraos porque vuestro galardón es grande
en los cielos" (Mateo 5:11-12a).
Ya sea su cónyuge, sus padres, sus hijos u
otros parientes; ya sean sus vecinos o amigos, los miembros
de la iglesia a la que anteriormente pertenecía, o los compañeros
de trabajo, siempre habrá quienes no entiendan su entrega
a sus amigos santos. Algunos le dirán radical, extremista,
fanático o zelote; otros, tal vez, te acusen de formar parte
de un "culto", de una "secta que controla la mente" o de
un "grupo de corte fanático." Este es el tipo de respuesta
que los primeros cristianos recibieron. Cuando Pablo se dirigió a
Roma, los judíos comentaron: "Porque lo que sabemos de esta
secta [de cristianos] es que en todas partes se habla contra
ella" (Hechos 28:22; 24:5). Los que se oponían en Tesalónica,
se refirieron a Pablo y a sus compañeros como los que trastornan
el mundo entero (Hechos 17:6). Los judíos de Jerusalén llegaron
demasiado lejos al decir que no se debía permitir que Pablo
viva (Hechos 22:22). No olvide que este tipo de ridiculez
y calumnia puede suceder, y esté preparado para cuando lleguen.
-
Deje que el cuerpo de Cristo
sea lo que el Señor
quiere que sea.
No sólo existen doctrinas elementales y básicas
necesarias para que la comunidad sea formada por Cristo,
sino también principios esenciales para que tengan una vida
continua en Cristo. Observe varios de estos principios que
debe tener en mente y aplicarlos a fin de agradar a nuestro
Dios y Padre:
-
Verdadera Santidad. Los
creyentes deben buscar ser completamente santos en
corazón, mente y cuerpo;
separados de todo pecado y corrupción (1 Tesalonicenses
5:23-24; Hebreos 12:14; 1 Pedro 1:14-17).
-
Separación del Mundo. No
deben amar al mundo (1 Juan 2:15-17), conformarse con él (Romanos 12:2),
permitir ser manchados por él (Santiago 1:27) o ser
su amigo (Santiago 4:4).
-
Amor Fraternal. Deben
cultivar el amor ferviente mutuo (1 Pedro 1:22; 4:8),
un amor según el amor
de la misma auto entrega de Cristo (Juan 13:34-35; 15:12-14)
que fue demostrado de manera práctica (1 Juan 3:16-18;
4:11-21).
-
Mentes y Corazones Puros. Deben
esforzarse no sólo por lograr palabras o acciones puras, sino también
motivos puros provenientes de corazones puros (1 Timoteo
1:5; 2 Timoteo 2:19-22; Mateo 5:8, 20; 23:25-28; Salmos
139:23-24).
-
Prioridades Adecuadas. Conscientemente
deben hacer del Reino de Dios y de Cristo su prioridad
(Colosenses 1:18; Mateo 6:33), aún antes que la familia
y amigos (Mateo 10:34-38; 24:9-13; Lucas 12:51-53;
14:26-27).
-
Perspectiva Espiritual y Eterna. Deben
preferir vivir para Cristo antes que para ellos mismos
(2 Corintios 5:14-15), y vivir por las realidades espirituales
que no se ven y no para el tiempo malo actual (Gálatas
1:4; 2 Corintios 4:16-18; Romanos 8:18; 1 Pedro 5:10).
-
Sacrificio y estilo de Vida. Deben
demostrar por medio de su propia vida y sacrificio
que están viviendo
completamente en los caminos de Dios antes que para
el dinero o las posesiones (Mateo 6:19-24; Marcos 10:21-27;
12:41-44; 2 Corintios 8:1-5; 9:6-7; 1 Timoteo 6:9-10,
17-19).
-
Relaciones Cercanas. Deben buscar relacionarse
dentro del cuerpo de Cristo, conocer a hermanos y hermanas
dentro de la familia eterna de Dios (2 Corintios 6:17-18;
Mateo 12:46-50; 1 Juan 4:20-5:2).
-
La Gran Comisión. El
creyente, sea hermano o hermana, debe estar activo en
llevar las
buenas nuevas
de Cristo a un mundo incrédulo para que Dios sea glorificado
y para que otros lleguen a conocerle (Mateo 28:18-20;
Marcos 16:15-16; Hechos 8:4).
-
La Palabra de Verdad. Deben
ser capaces de hablar la palabra de verdad a todos
y hacer que la gente
sea responsable ante un Dios santo que demanda obediencia
fiel y sumisión a Su soberanía universal (Filipenses
2:9-16; Hechos 17:30-31; 1 Pedro 2:9-10).
-
Rico en Buenas Obras. Deben
ser activos en buenas obras de manera que otros vean
la evidencia del
trabajo de Dios en el corazón humano y que Cristo sea proclamado
no sólo con palabras, sino con obras (Mateo 5:13-16;
Tito 2:14; 3:1, 8, 14).
Estas son sólo unas cuantas características
que tanto los creyentes, como todo el cuerpo de Cristo, deben
manifestar. Forman parte de la vida diaria de los santos
que conforman la familia de Dios.
- Deje de congregarse con aquellos que no desean
amar, servir, obedecer o tomar la verdad del Señor
Jesús.
No sólo debería interesarse en la cercanía
de la fraternidad dentro del cuerpo de Cristo, probablemente
necesitará dejar esa fraternidad con determinadas personas
de vez en cuando. La "excomulgación" es algo que ya no es
practicado por algunos grupos organizados, aunque es enseñado
claramente por la Biblia. Ya que Dios señala que es importante,
debemos estar dispuestos a practicarlo.
Si su cuerpo físico contrajera un cáncer maligno ¿qué haría?
Trataría de encontrar una cura para la terrible enfermedad.
Si el cáncer comenzara a destruir su brazo y no pudiera ser
tratado de manera convencional, necesitaría amputar el miembro
a fin de salvar su cuerpo, y su vida misma. Asimismo, cuando
un miembro del cuerpo del Señor permite el pecado en su vida
y es vencido por éste, todo el cuerpo de creyentes debe "amputar" ese
miembro, sacándole de la congregación. Deben excluirlo de
la asociación cercana, y dejar de tener un contacto normal
con él.
La Biblia es clara sobre todo esto. Los creyentes
espirituales y fieles deben buscar que el hermano o hermana
errado y pecador se arrepienta (cf. Gálatas 6:1-2; Santiago
5:19-20; Mateo 18:15-17). Si esto no funciona, deben dejar
de congregarse con el pecador que no se arrepiente (ver Mateo
3:10-11; 1 Corintios 5:1-13; 2 Tesalonicenses 3:6-15; 1 Timoteo
1:19-20; Tito 3:10-11). El cuerpo debe excluir a los miembros
que no quieren arrepentirse de "ofensas" tales como:
-
Pecado general y error moral (1
Corintios 5:11; cf. vv. 1-13; 6:9-10; Gálatas 5:19-21;
2 Pedro 2:20-22).
-
Violación de la tradición apostólica (2
Tesalonicenses 3:6-15; cf. 2:15).
-
Alejamiento de la fe (1 Timoteo 1:19-20;
cf. Santiago 5:19-20).
-
Falsas doctrinas (Romanos 16:17-18; 2
Timoteo 2:16-18; 2 Juan 9-11; 2 Pedro 2:1ss).
-
Actitudes que causan la división (Tito
3:10-11).
-
Rechazo a reconciliarse (Mateo 18:15-20,
21-35).
Se espera que la acción de dejar de congregarse,
realizada por cada cristiano fiel en la comunidad, lleve
al alma perdida a darse cuenta de su necesidad y desesperada
condición. Debería llevarlo al arrepentimiento, a su confesión
ante la iglesia, a recibir el perdón de Dios y a la comunidad
y a la completa reconciliación con los fieles (ver 1 Corintios
5:5; 2 Corintios 2:6-11; 2 Tesalonicenses 3:15). Esta no
será una parte agradable de vida en la comunidad, pero será una
parte importante que deberá ser realizada en obediencia al
Señor mismo. De esto depende la fidelidad, santidad y preservación
del cuerpo.
- Conscientemente busque cumplir la oración de Cristo
por Sus seguidores.
Juan 17 registra la oración del Señor por
sus apóstoles y el círculo más amplio de discípulos que vivirían
en los años venideros. Aquí vemos el corazón de Cristo cuando
expresa Su deseo para quienes conformarían Su cuerpo espiritual.
Los elementos de su petición deberían ser los que anhelemos
para nuestros días conforme buscamos cumplir su oración en
la experiencia misma. Observe los siguientes puntos y tómelos
para sí:
-
Recepción común de las palabras
de Cristo. Jesús
dijo: "Porque yo les he dado las palabras que me diste;
y las recibieron" (v. 8; cf. v. 14).
-
Creencia común en Cristo. "Mas
no ruego solamente por éstos [apóstoles], sino también por los que
han de creer en mí por la palabra de ellos" (v. 20;
cf. vv. 8, 25).
-
Unidad común con el hermano,
con Cristo y con Dios el Padre. "… para que todos sean uno;
como tú, oh Padre, estás en mí, y yo en ti… Yo
en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad" (vv.
21,23; cf. vv. 11,22,26).
-
Separación del mundo. "El
mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco
yo soy del
mundo" (v. 14; cf. v. 16).
-
Santidad común en la verdad. "Santifícalos
[separarlos] en la verdad, tu palabra es verdad" (v.
17; cf. v. 19).
-
Misión común en el mundo. "Como
tú me
enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo" (v.
18).
Este es el deseo del Señor para sus verdaderos
seguidores. Él pretende que tomemos su oración seriamente.
Si lo hacemos, debemos evitar lo opuesto de estos elementos:
(a) No rechazaremos las palabras de Cristo; (b) No dejaremos
de creer; (c) No abandonaremos la unidad con otros verdaderos
cristianos, con Cristo o con Dios; (d) No tendremos amistad
con el mundo; (e) No caeremos en la impureza o mentira; (f)
No dejaremos de compartir la verdad con otros. Busquemos
cumplir la ferviente oración de nuestro Señor.
- Como un solo cuerpo, abandonen lo malo y busquen
lo bueno.
Cuando empiecen a reunirse como una pequeña
congregación de santos, tendrán que hacer ajustes. Es necesario "desaprender" y
abandonar los conceptos institucionales, denominacionales
y corruptos; siguiendo, en su lugar, los nuevos conceptos
bíblicos. A continuación algunas cosas que debe tener en
mente:
ABANDONE
|
BUSQUE
|
|
La búsqueda del placer
|
La gloria de Dios
|
|
Lo mundano
|
No conformarse con el mundo
|
|
La falsa doctrina
|
La doctrina bíblica
|
|
Los caminos mundanos y carnales
|
La verdadera espiritualidad
|
|
La falsa conversión
|
La salvación bíblica
|
|
La fácil creencia
|
La fe comprehensiva y completa
|
|
La falta o ausencia de arrepentimiento
|
Sincero arrepentimiento
|
|
La ceremonia de agua eclesial
|
Bautismo de fe (inmersión)
|
|
Las confesiones, los credos humanos
|
Ver la Biblia como un todo suficiente
|
|
Las guías, sentimientos subjetivos
|
La verdad objetiva de la Escritura
|
|
Los cargos eclesiásticos
|
Las posiciones y trabajos bíblicos
|
|
Los nombres religiosos
|
Evitar los nombres oficiales
|
|
Los títulos religiosos
|
Sólo términos bíblicos
|
|
Los "servicios" litúrgicos
|
Encuentros sencillos
|
|
Las reuniones impersonales
|
Relaciones cercanas
|
|
La tolerancia del pecado
|
Exclusión de pecadores sin arrepentirse
|
|
El institucionalismo complejo
|
Comunidades creyentes sencillas
|
|
Las organización denominacional
|
Una organización basada en la Biblia
|
|
La libertad sexual
|
Absoluta pureza
|
|
La jerarquía
|
Igualdad
|
|
Lo secular y humanístico
|
Lo bíblico y espiritual
|
Habiendo leído las páginas precedentes, usted
mismo puede añadir puntos a la lista dada. El objetivo es
dejar atrás todo lo que sea falso y no bíblico, e ir en busca
de lo que Dios autoriza y ordena en Su Palabra.
- Que su motivo de reunión sea el Señor Jesús.
Las personas se agrupan por diferentes razones.
Existen clubes sociales y organismos de servicio. También
están las logias secretas, equipos deportivos, fraternidades
escolares, hermandades femeninas y sindicatos. Es triste
saber que mucha gente tiene el concepto de club u organización
cuando piensan en la "membresía de la iglesia." Para ellos,
la "iglesia" se diferencia a penas del Rotary Club o del
Club de Leones, con la excepción de que el club "iglesia" es
religioso. Se exhorta a la asistencia, deberes y fidelidad,
pero la membresía no afecta en mucho la vida de cada uno.
Hay un diferencia radical entre el cuerpo
de Cristo y este punto de vista. Los primeros creyentes eran
aquellos que pertenecían "al Camino" (Hechos 9:2; cf. 19:9,
23; 22:4; 24:14, 22). Estos santos se entregaron a Cristo
reconociéndolo como el camino de salvación
(Juan 14:6; cf. Hechos 16:17). Siguieron el camino de Cristo
y Él les presentó todo un nuevo camino de vida,
una "puerta estrecha" que enfocaba hacia Él (Mateo 7:13-14).
Cuando se encuentre con sus hermanos y hermanas
en Cristo, permita que su congregación se centre en Él. Permita
que su alabanza, oración, edificación, enseñanza, partimiento
del pan y fraternidad estén enfocados a Él. Permita que Él
sea la razón de la reunión y el Único que todos tengan en
común. Fuera de las reuniones, usted sigue siendo uno con
sus hermanos y hermanas porque Él murió por ustedes, vive
por ustedes, intercede por ustedes, trabaja por medio de
ustedes y regresará por ustedes.
Constantemente recuerde que Cristo no sólo
murió por los creyentes de manera personal (Gálatas 2:20),
sino también "amó a la iglesia [ekklesia] y
se entregó a sí mismo por ella" (Efesios 5:25). Jesús es
no sólo el Salvador de cada creyente, sino que también leemos
que es "el Salvador del cuerpo" (Efesios 5:23). Cristo no
sólo redimió a cada santo, sino también compró toda la comunidad
creyente con la sangre propiciatoria (Hechos 20:28). Sí, Él
está interesado en el creyente como persona, pero también
se preocupa por el cuerpo entero de creyentes.
Todo esto debería recordarle que Cristo vela
por Su pueblo como conjunto. No tienen que ser personas solas
y diseminadas, sino miembros de Su cuerpo, viviendo e interactuando
el uno con el otro, creyendo de manera mutua en Cristo, sirviéndole,
amándole, obedeciéndole y esperando Su venida. Si actualmente
está congregando con otros verdaderos creyentes en Cristo,
permita que el propósito sea centrarse en Él. Si usted es
una persona que ha abandonado su congregación anterior y
que se encuentra sola, ore y busque a otras personas verdaderamente
salvas con quienes usted pueda tener una relación cercana.
No se decida por nada que no sea un cuerpo que está reunido
delante de Él que es Cabeza, Cristo Jesús.
ES EL MOMENTO DE ESCOGER
Ahora que ha terminado de leer este pequeño
folleto, sabe qué es lo Dios desea que usted haga. Si aún
no lo ha hecho, ahora es el momento de salir de cualquier
denominación o iglesia infiel, comprometedora y apóstata
a la que usted asiste. Si ha salido hace mucho y, simplemente,
ha estado yendo a la deriva, Dios lo está llamando para que
le busque a Él y a Su Palabra, a fin de que usted pueda gozar
de guía dentro de Su Voluntad. Lea la Biblia como nunca antes.
Preste especial atención al libro de Hechos, así como a los
demás libros del Nuevo Testamento. Busque conocer lo que
Dios desea para usted. Probablemente tendrá que volver a
leer varias veces este libro para tener una mejor idea de
dónde debe empezar y cuál debe ser su meta. No permita que
nada le quite la seguridad de su salvación del pecado, y
busque congregarse en el Señor con otros que también han
sido rescatados del pecado.
Dios cuida de usted y le está llamando
para que le dé su vida en completo sacrifico. Él desea que
usted rinda completamente su vida y sus energías para Cristo
Jesús Su Hijo y Su causa sobre la tierra. Él desea que deje
a un lado los compromisos de cualquier tipo, y le entregue
todo lo que tiene y todo lo que es. Ahora es el tiempo de
buscar a Dios, Su justicia y Su Reino (Mateo 6:33). Ahora
es el tiempo de que usted busque su lugar en Su familia espiritual,
el cuerpo de Jesucristo.
Richard Hollerman
Traduccion editada por
Monica Hollerman